Inicio Foros Formación cofrade Santoral 27/11/2016 San Máximo de Riez, abad y obispo.

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    Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Santos: Acacio, Apolinar, Barlaán, Gustano, Josafat, confesores; Desiderio, Sigfredo, Valeriano, Virgilio, Máximo, obispos; Irenarco, Acacio, presbíteros y mártires; Facundo, Primitivo, Jacobo, Irenarco, Oda, Maharhapor, Basileo, Auxilio, Saturnino, Santiago, Severino, mártires; Bihildis, virgen; Edvoldo, eremita.

    San Máximo de Riez, abad y obispo.

    Nació en Decomer, cerca de Digne, hoy Chateau-Redon, en la Provenza.

    Sus padres, que eran cristianos, lo educaron en el amor de la virtud, de suerte que a nadie sorprendió que el joven abrazase la vida religiosa ingresando en el monasterio de Lérins. Tomó el hábito de manos de San Honorato, el fundador.

    Cuando éste fue elegido obispo de Arles el año 426, Máximo le sucedió como abad de Lérins entre los años 426 y 434. San Sidonio dice que el santo dio nuevo lustre al monasterio con su ejemplo. El don de milagros de San Máximo, así como su fama de santidad, atraían nutridas muchedumbres al monasterio.

    Tuvo que huir y se ocultó en el bosque, a pesar de que era el período de lluvias, para evitar que el clero y el pueblo de Fréjus le eligiesen obispo. Sin embargo, poco después, quedó vacante la sede de Riez, en la Provenza, y San Máximo tuvo que aceptar el nombramiento, no sin antes hacer el vano intento de escapar en una barca, y en contra de su voluntad, le ordenó el papa San Hilario, obispo de Riez.

    Máximo fue uno de los más ilustres prelados de la iglesia gala de aquella época

    Los padres del santo eran originarios de Fréjus, de suerte que los habitantes le consideraban como un paisano y le acogieron con gran júbilo.

    San Máximo siguió observando la regla monástica, en cuanto se lo permitían sus deberes episcopales. Su amor a la pobreza, su espíritu de penitencia y de oración, su despego del mundo y su humildad, en todo lo cual se había distinguido en el claustro, se mantuvieron al nivel de siempre en su nueva misión.

    Asistió a varios concilios que se celebraron en su provincia y en las comarcas cercanas.

    Fue uno de los prelados que aprobaron la célebre epístola del papa San León I Magno a San Flaviano de Constantinopla contra los herejes Eutiquianos. Firmó asimismo la epístola sinodal que los obispos escribieron en respuesta a la del Papa. Finalmente, después de haber gobernado santamente su iglesia, descansó en la paz del Señor.

    Fue sepultado con gran solemnidad, en la iglesia de San Pedro, que él mismo había edificado.

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