Inicio Foros Formación cofrade Santoral 28/04/2014 San Prudencio de Armentia, obispo.

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    Santos: Pedro Chanel, presbítero y mártir; Agapito, papa; Prudencio, Pánfilo, Marcos, Petricio, Africo, Artemo, obispos; Teodora, Proba, vírgenes y mártires; Dídimo, Acacio, Menandro, Polieno, Afrodisio, Caralipo, Agapio, Eusebio, Vidal y Valeria, Ursino, Patricio, Marcos, mártires; Luis Mª Griñón de Monfort, confesor.

    San Prudencio de Armentia, obispo.

    Fuera de la mención en el Martirologio Romano, aparece muy escasamente en los santorales, incluso en los españoles. Lo que sucedió es que su figura quedó ensombrecida por la confusión con el poeta Prudencio, mucho más conocido y también español, a lo que se vino a sumar la invención a lo largo de los siglos de otros dos obispos Prudencio españoles, otro supuestamente también de Tarazona, y otro de Garray, que acabaron por ahogar a éste, el único obispo y santo de entre los cuatro. Las noticias sobre el auténtico obispo Prudencio, es decir, Prudencio de Armentia, nos llegan de una única fuente, el antiguo breviario de Tarazona.

    Nació y vivió en Armentia, aldea alavesa hoy absorbida por el municipio de Vitoria, hasta que a los 15 años se retiró como anacoreta en las cercanías de la actual ciudad de Soria, en la margen derecha del río Duero, teniendo como maestro a Saturio (actual patrón de dicha ciudad).

    Allí permaneció durante siete años, tras los cuales se dirigió a Calahorra, La Rioja, sede de la Diócesis. Allí estuvo durante un tiempo. Evangelizó a muchas personas y realizó varias curaciones milagrosas, por lo que viendo el número de enfermos que a él acudían, huyó a Tarazona para alejarse de la fama. Se cree que las conversiones y evangelizaciones podrían haberse realizado en la zona del los Cameros.

    Tras un tiempo fue admitido como clérigo de la Catedral de Tarazona, encargándose inicialmente del mantenimiento del templo, llegando a ser nombrado arcediano. Tras el fallecimiento del obispo de la diócesi, Prudencio fue propuesto para sustituirle, nombrándolo pues Obispo.

    Al existir desavenencias entre el Obispado y el clero de Burgo de Osma, fue elegido como intermediario para dirimir las cuestiones de las desavenencias. Tras llevarles a un entendimiento, le sobrevino una enfermedad mortal.

    Al haber fallecido en Burgo de Osma, es decir fuera de su diócesis, y siendo ilustre por sus milagros, se originaron disputas entre el clero sobre el lugar donde debería ser enterrado. La leyenda dice que la cuestión se resolvió poniendo el cadáver sobre la cabalgadura que usaba en vida, dejándola marchar libremente. Esta se detuvo a seis leguas de Logroño y allí se le dio sepultura. Este lugar sería una cueva en las faldas de Monte Laturce, en el actual municipio de Clavijo (la Rioja).

    En ese lugar se edificó una iglesia dedicada a San Vicente mártir pero que según fray Gaspar Coronel, pasó a denominarse monasterio de San Prudencio de Monte Laturce a partir del año 1025, como se desprende de un privilegio de Sancho III el Mayor, y aunque se localiza una primera mención al citado monasterio entre los años 1011 y 1021, siendo una interpolación de un documento del año 880.

    Desde el Siglo XII, surgieron disputas entre los monjes de Monte Laturce y Nájera por la ubicación de las reliquias del Santo. Aunque existe confusión debido a la existencia de muchos documentos falsos, lo más probable es que García Sánchez III, al crear el Monasterio de Santa María la Real de Nájera, decidiese trasladar hacia el año 1040, las reliquias de San Prudencio desde Monte Laturce al nuevo monasterio, para honrar su fundación, dejando en Monte Laturce la cabeza y algún hueso menor.

    También se baraja que pudieran ser trasladarlas por García Sánchez I en el año 954.

    Aunque algunos han insistido en demostrar que las reliquias no salieron de Monte Laturce, parece que el monasterio a finales del siglo X quedaba en situación de cierto abandono, ya que según cuenta Yepes, en el año 950 el número de monjes de Monte Laturce era tan escaso, que el abad Adica y otros seis monjes se sometieron al abad Dulquito del Monasterio de Albelda, ofreciéndole la incorporación de su monasterio, personas y bienes. Por esto se considera muy razonable que, para que no quedasen las reliquias abandonadas, se trasladasen a otro lugar.

    A mediados del siglo VIII ya se le consideraba a Prudencio santo, apareciendo documentado por primera vez de esta manera en un cartulario del Monasterio de San Millán de la Cogolla, fechado el 24 de abril de 759.

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