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28 junio, 2015 a las 7:00 #15322
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InactivoSantos: Ireneo, obispo y mártir; Benigno, Gerón, Zacarías, obispos; Plutarco, Sereno, Heraclies, Herón, Papías, Eraida, Basílides, Potamiena, Marcela, mártires; Paulo I, León II, papas; Vicenta, Gerosa, vírgenes; León, Sergio, confesores; Argimiro, monje y mártir.Santa Vicenta Gerosa, virgen y fundadora.Nació en Lovere, el el año 1784, sobre el lago de Isso (Lombardía) de familia de comerciantes acomodados y prósperos.
Fue bautizada con el nombre de Caterina (Catalina) Gerosa, su infancia transcurrió parte en el colegio, incomodada por varios lutos y vicisitudes políticas. Debió también acostumbrarse al trabajo, pero su ocupación preferida era recoger a otras jóvenes para adiestrarlas en varios trabajos domésticos y estar juntas en oración.
Era de gran provecho para su alma la presencia de dos sacerdotes santos, deseosos de desarrollar las obras de caridad.
Caterina Gerosa (el nombre de Vicenta lo adoptó al tomar el hábito de monja) durante cuarenta años, llevó una vida muy virtuosa, casi exclusivamente dedicada a obras de caridad y al trabajo doméstico, que debió de desempeñar desde muy temprana edad, cuando perdió a sus padres.
Fue entre los años 1823 y 1824 cuando entró en estrechas relaciones con Bartolomea Capitanio, al sentirse las dos íntimamente conmovidas por un llamamiento hecho por Mons. Nava, obispo de Brescia, quien pedía voluntarios para un trabajo de rescate de almas, particularmente por medio de la educación de los jóvenes, terriblemente descuidada en toda la parte de Italia que, por entonces, se hallaba bajo la dominación de Austria.
A pesar de que Caterina Gerosa se inclinaba más a cuidar a los enfermos y servir a los pobres, quedó convencida desde un principio de que debía sumar sus fuerzas a las de aquella amiga más joven que se sentía llamada a educar a los niños.
A fin de cuentas, las dos tendencias se fundieron en la institución que ambas mujeres proyectaron, de acuerdo con la Regla de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul.
Con gusto se habrían afiliado a la gran orden francesa, pero las ideas políticas del momento, que se negaban a reconocer cualquier organización que dependiese del extranjero, se los impidió.
Con anterioridad se había inscrito en la Tercera Orden franciscana, y del franciscanismo había aprendido un espíritu profundamente evangélico.
Con sólo 26 años en 1833 muere Bartolomea Capitanio: su muerte pareció comprometerlo todo; pero Vicenta recibió consejos para continuar y fue así como superando una a una las dificultades de las diversas aprobaciones del gobierno austríaco y de la Iglesia, el 25 de marzo de 1835 se pudo proceder a la vestición en el nuevo Instituto.
Desde entonces el Instituto se difundía y las casas se multiplicaban. La gran prueba del cólera en 1836 reveló al pueblo a aquellas nuevas hermanas como verdaderos ángeles de caridad.
Sólo en 1841 pudo tener lugar la ceremonia de la profesión religiosa.
Vicenta Gerosa viene a ser al primera en el Instituto de las Hermanas de la Caridad de María Niña. No quiso asumir el título de superiora, sino de hermana mayor. Redactó con particular sabiduría las Constituciones del Instituto pensando en la formación espiritual e intelectual de las nuevas hermanas. Sin grandes dotes de ingenio, sin gran cultura, Sor Vicenta Gerosa fue una maravillosa directora de espíritu y una hábil organizadora.
Ella conocía al Crucificado, es decir, conocía el secreto del sacrificio, de la paciencia, por lo cual la serenidad y la confianza la acompañaban constantemente.
En 1840 una carta apostólica de Gregorio XVI aprobaba el Instituto de Lovere.
Tras una larga enfermedad que soportó con paciencia inquebrantable, la madre Vicenta murió el 29 de junio de 1847 con 63 años de edad y a la muerte de esta hermana mayor, ya se contaban 24 casas del Instituto de las Hermanas de la Caridad de María Niña esparcidas por todo el mundo, desde Palestina hasta América.
También esto movió a Pío XII a la canonización de Santa Vicenta el 18 de mayo de 1950.
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