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28 septiembre, 2014 a las 17:47 #14984
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InactivoSantos: Wenceslao, Marcial, Lorenzo, Privato, Estacto, Alfio, Alejandro, Zósimo, Nicón, Neón, Heliodoro, mártires; Alarico, Alodio, Annemondo, Ausencio, Doda, Eustiquio, Everardo, confesores; Simón de Rojas, fundador; Salomón, obispo; Caritón, abad; Exuperio, Fausto, Salonio, Silvino, obispos; Lioba, virgen; Baruc, profeta.San Wenceslao de Bohemia, rey.De nombre Wenceslado que en versión española escribimos Venceslao y los checos teclean Václav, fue hijo del bondadoso príncipe cristiano Vratislao de Bohemia y de la pérfida Drahomira pagana y de mal genio, que pertenecía a la familia de los Stodoronow.
Las tensiones que vivió desde niño en su propia familia –por muy regia que fuera– como consecuencia de los diferentes modos de entender el mundo y la historia, las sufrirá después de un modo cruento en la vida de su nación sacudida por embarulladas rivalidades entre facciones que mezclaron motivos políticos y religiosos.
Los primeros que habían llevado la fe cristiana a los bohemios fueron los cristianos bizantinos. Los misioneros occidentales, principalmente alemanes, llegaron con posterioridad. Se produjo una temprana dificultad con motivo religioso por la marcada diferencia de los ritos eslavo y latino. Esto sucedía cuando todavía no se contaba con una sólida formación asentada entre los creyentes y también cuando otros muchos ni siquiera lo eran aún. Si se añaden los reiterados intentos de influir en la vida pública de los bohemios por parte de los alemanes, se llega a comprender mejor que poco a poco iba preparándose el humus donde no era difícil sospechar que pronto hubiera frutos amargos.
Se presagiaba un futuro incierto y difícil a la vida de Wenceslao que vivía rodeado de las intrigas y conjuras del partido pagano que encabeza su madre, la perversa Drahomira.
El joven príncipe nació en el 907 cerca de Praga. Fue su abuela, Santa Ludimila, quien se encargó de la educación de su nieto, inculcándole siempre el amor y servicio al Padre Celestial.
Por razones no muy claras, una de las que se barajan es la aversión de la madre a este hijo porque su padre lo mandó bautizar, lo tuvo que criar su abuela paterna Ludmila como ya hemos dicho, que murió asesinada y se venera como santa.
Drahomira mostraba claras preferencias por su segundo hijo Boleslao.
Wenceslao fue un alumno más en el colegio de nobles y cuentan los diversos relatos de su vida que destacaba entre los compañeros por la pureza de sus costumbres, por la devoción a la Eucaristía y por la devoción a la Virgen.
Cuando era todavía muy joven, perdió a su padre en una de las batallas contra los magiares; su madre asumió el poder e instauró bajo la influencia de la nobleza pagana, una política anticristiana y secularista, que convirtió al pueblo en un caos total.
Ante esta terrible situación, su abuela trató de persuadir al príncipe para que asumiese el trono para salvaguardia del cristianismo, lo que provocó que los nobles la asesinaran al considerarla una latente amenaza para sus intereses.
Sin embargo, por desconocidas circunstancias, la reina fue expulsada del trono, y Wenceslao fue proclamado rey por la voluntad del pueblo, y como primera medida, anunció que apoyaría decididamente a la Ley de la Iglesia de Dios. Instauró el orden social al imponer severos castigos a los culpables de asesinato o de ejercer esclavitud y además gobernó siempre con justicia y misericordia.
Llegó un momento en el que Wenceslao se consideró ya capaz de gobernar y maduro para llevar las riendas de Bohemia que hasta entonces llevaba su madre como regente. Dio un golpe de estado y terminó con la regencia pagana que continuamente dificultaba las expresiones de fe y el estilo de vida cristiana que él estaba determinado a potenciar. De hecho, una de sus primeras determinaciones fue el traslado solemne y público de los restos de su abuela Ludmila a la catedral de Praga.
Eligió entre los militares de su confianza los ministros que le ayudaran a gobernar. Cuentan que dictó normas para hacer de su política un instrumento menos despótico, más humano y que fuera un verdadero servicio a su gente; de hecho, Wenceslao llegó a prohibir la horca. Se le vio como un rey pacífico, caritativo, mortificado y espiritual. Cuentan los cronicones –con cierto orgullo– el hecho de que cuidara personalmente las viñas que habían de proporcionar el vino para la Eucaristía y el trigo de donde se sacaría el pan para la Misa. Con frecuencia iba descalzo a visitar y acompañar al Santísimo en las noches frías. La gente le va llamando «príncipe santo» y dicen que hizo voto de castidad.
Hay anécdotas en los relatos de su vida que, pudiendo ser verdaderas por posibles, llevan sin embargo el tinte de la fantasía. Tal es el curioso hecho de solucionar un conflicto bélico con su vecino invasor Radislao. Dicen que le mandó embajada para proponer la solución del problema con la lucha entre los dos príncipes, evitando con ello la muerte de terceros. Interpretada como cobardía la propuesta y aceptado el reto, se presentaron los dos príncipes en la liza, reproduciéndose casi la escena bíblica de David y Goliat. El aguerrido enemigo, armado hasta los dientes, quedó asombrado, confuso y perplejo al comprobar que sus certeras saetas fueron interceptadas por ángeles. Terminó este intento con Radislao desarmado, asustado y humillado a los pies de Wenceslao, pidiéndole perdón.
Otro prodigio que cuentan es el maravilloso hecho acaecido en la Dieta que en Worms convocó el emperador Otón I para solucionar asuntos graves y complejos. Wenceslao fue impuntual a la cita, tardaba; crecía el mal ánimo lógico dentro de los reunidos en consejo. Los pajes fueron diciendo que se había ido a la iglesia porque quería ir con Misa oída ya que tenía que tomar parte en conversaciones de tanta trascendencia para su pueblo. El enojo de los plantados se trocó en asombro al verlo entrar acompañado por ángeles que portaban una cruz de oro.
Sea lo que fuere de estas narraciones, tan hermosas como improbables, sí conoce la historia la muerte del rey bohemio cristiano propiciada por el rencor de su madre Drahomira y la envidia de su hermano Boleslao.
En la mañana del 28 de septiembre del 935, mientras Wenceslao salía de case para ir a Misa, Boleslao, que lo esperaba en un lugar solitario con un grupo de cómplices, le saltó encima para herirlo por la espalda. El joven rey, que todavía no tenía treinta años, detuvo el golpe y echó mano a su espada, pero cuando se dio cuenta que el asesino era su hermano bajó el arma, murmurando: “Podría matarte, pero la mano de un siervo de Dios no debe mancharse con el fratricidio”. Fue asesinado por los sicarios de Boleslao.
Este ejemplarísimo príncipe cristiano anteponía sus deberes religiosos a los de soberano. No era raro ver al joven rey mezclado con los otros fieles, con los pies descalzos, durante las procesiones penitenciales. Impuso a su cuerpo la dura disciplina del cilicio y las diarias mortificaciones.
Fue considerado como un rey renunciatario por haber buscado la alianza con los poderosos francos limítrofes, pero el mismo hermano Boleslao, que le sucedió, después de haberlo asesinado, comprendió esa política realistica y la siguió.
Boleslao comprendió el error de valoración respecto de su hermano, hacia quien la devoción popular creció de día en día, por los prodigios que se obraban sobre la tumba del mártir, venerado inmediatamente como santo, el primero de los pueblos eslavos.
El pueblo bohemio proclamó como Patrono a este rey que no se sabe muy bien hasta qué punto llegó a entender que las grandezas humanas no están reñidas con la condición de cristiano; ni tampoco, si entendió la muerte propia como el único modo de solucionar el conflicto entre unas responsabilidades de gobierno que era preciso hermanar con la fe. Es el eterno problema para el creyente de hacer compatibles en una misma vida los compromisos familiares, profesionales y sociales con la fe.
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