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30 marzo, 2015 a las 8:02 #15214
Anónimo
InactivoSantos: Juan Clímaco, Osburga, Mamertino, Clinio, abades; Régulo, Pastor, Zósimo, obispos; Quirino, Domnino, Víctor, Decio, Irene, mártires; Julio Álvarez Mendoza, sacerdote y mártir; Apolonio, Juan del Pozo, confesores; Amadeo, duque de Saboya, y Joaquín de Flora, beatos.San Régulo de Senlis, obispo.Es el patrono de la ciudad y diócesis de Senlis, ciudad en el norte de Francia, de donde se dice que fue el primer obispo.
Probablemente vivió en el siglo III, ya que se habla de él como contemporáneo de otros santos que se sabe florecieron en esa época.
La catedral de Senlis fue quemada y con ella desaparecieron todos sus archivos, incluyendo los antiguos registros de los primeros obispos.
Según algunos relatos apócrifos, San Régulo fue convertido por San Juan Evangelista y acompañó a San Dionisio Areopagita a Francia, donde, como obispo de Arles, gobernó a los fieles de la colonia cristiana fundada por San Trófimo.
Posiblemente hubo dos obispos con el nombre de Régulo, uno de Arles y el otro de Senlis; y sus historias han sido confundidas; pero en cualquier caso, la relación con San Juan Evangelista no corresponde en el tiempo.
Un día, celebrando el sacrificio de la misa, al llegar al canon, luego de mencionar los nombres de San Pedro y San Pablo, añadió sin darse cuenta los «los mártires, Dionisio, Rústico, y Eleuterio», mientras tres palomas ensangrentadas bajaban al altar. Entendió Regulo que Dionisio y sus compañeros habían sido martirizados por Cristo. Ordenó a San Felicísimo (28 de diciembre) como obispo y sucesor, se fue a Chaton, donde vivía una viuda pagana, de nombre Catulla, que habría escondido los cuerpos de los tres mártires. Regulo bautizó a Catulla, celebró un grandioso funeral por los tres mártires y les construyó un santuario, que siglos más tarde completaría Santa Genoveva de París (3 de enero). Luego se fue a Senlis, donde comenzó una nueva andadura como obispo de esta ciudad. Aquí construyó una iglesia a Santa María y otra a Santos Pedro y Pablo, evangelizó a los paganos, llegando a convertir incluso a Quintiliano, gobernador de la ciudad. Predicó en Rully, donde mandó callar a las ranas de un pantano, que no le dejaban hablar. Evangelizó en Valois y Creil, y camino de Beauvais a ordenar de obispo a su compañero San Luciano (8 de enero), le llegó la noticia de su martirio, así que solo llegó a enterrarle y construir una capilla en su honor en Canneville.
Bosques y campos fueron testigos de su predicación y milagros. Porque milagros nos narra varios la la leyenda: un niño resucitado, agua que brota de las piedras, prisioneros liberados, ídolos paganos convertidos en polvo con solo tocarlos. Exorcizó a un niño, y el demonio quiso meterse en el burro en el que el santo se trasladaba, pero el burro hizo la señal de la cruz en el suelo con una pata y el diablo tuvo que huir.
Murió en el año 140, luego de casi 40 años de labor pastoral. Sus reliquias se depositaron en la iglesia de los Santos Pedro y Pablo hasta que fueron trasladadas por Clodoveo I a una nueva iglesia dedicada a su memoria, donde cada año se veían ciervos y otros animales inclinarse ante sus reliquias cada día de su memoria, a 30 de marzo.
Quiso Clodoveo una reliquia del santo, pero el clero de la ciudad no se decidía a desmembrar el cuerpo, por lo que un oficial arrancó un diente al santo, manando sangre al momento. Todos iban contentos con este milagro, pero llegados a París, Clodoveo y su comitiva quedaron paralizados hasta que reconociendo su error, se dieron la vuelta y devolvieron el diente a su sitio.
Sus reliquias también obraban grandes portentos, muchos se acogían al patrocinio del santo junto a su tumba, ocurriendo grandes conversiones y curaciones.
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