Inicio Foros Formación cofrade Evangelio Dominical y Festividades Evangelio del domingo 03/04/2016 Domingo 2º de Pascua

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    Anónimo
    Inactivo

    A los ocho días, llegó Jesús.

    Lectura del santo evangelio según San Juan

    Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

    – «Paz a vosotros.»

    Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

    – «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. »

    Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

    – «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

    Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:

    – «Hemos visto al Señor.»

    Pero él les contestó:

    – «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»

    A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

    – «Paz a vosotros.»

    Luego dijo a Tomás:

    – «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»

    Contestó Tomás:

    – «¡Señor mío y Dios mío!»

    Jesús le dijo:

    – «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

    Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

    Palabra del Señor.

    #12852
    Anónimo
    Inactivo

    Os dejo los comentarios al Evangelio del domingo.

    NO SEAS INCRÉDULO SINO CREYENTE

    [align=justify]La figura de Tomás como discípulo que se resiste a creer ha sido muy popular entre los cristianos. Sin embargo, el relato evangélico dice mucho más de este discípulo escéptico. Jesús resucitado se dirige a él con unas palabras que tienen mucho de llamada apremiante, pero también de invitación amorosa: «No seas incrédulo, sino creyente». Tomás, que lleva una semana resistiéndose a creer, responde a Jesús con la confesión de fe más solemne que podemos leer en los evangelios: «Señor mío y Dios mío».

    ¿Qué ha experimentado este discípulo en Jesús resucitado? ¿Qué es lo que ha transformado al hombre hasta entonces dubitativo y vacilante? ¿Qué recorrido interior lo ha llevado del escepticismo hasta la confianza? Lo sorprendente es que, según el relato, Tomás renuncia a verificar la verdad de la resurrección tocando las heridas de Jesús. Lo que le abre a la fe es Jesús mismo con su invitación.

    A lo largo de estos años, hemos cambiado mucho por dentro. Nos hemos hecho más escépticos, pero también más frágiles. Nos hemos hecho más críticos, pero también más inseguros. Cada uno hemos de decidir cómo queremos vivir y cómo queremos morir. Cada uno hemos de responder a esa llamada que, tarde o temprano, de forma inesperada o como fruto de un proceso interior, nos puede llegar de Jesús: «No seas incrédulo, sino creyente».

    Tal vez necesitamos despertar más nuestro deseo de verdad. Desarrollar esa sensibilidad interior que todos tenemos para percibir, más allá de lo visible y lo tangible, la presencia del Misterio que sostiene nuestras vidas. Ya no es posible vivir como personas que lo saben todo. No es verdad. Todos, creyentes y no creyentes, ateos y agnósticos, caminamos por la vida envueltos en tinieblas. Como dice Pablo de Tarso, a Dios lo buscamos «a tientas».

    ¿Por qué no enfrentarnos al misterio de la vida y de la muerte confiando en el Amor como última Realidad de todo? Esta es la invitación decisiva de Jesús. Más de un creyente siente hoy que su fe se ha ido convirtiendo en algo cada vez más irreal y menos fundamentado. No lo sé. Tal vez, ahora que no podemos ya apoyar nuestra fe en falsas seguridades, estamos aprendiendo a buscar a Dios con un corazón más humilde y sincero.

    No hemos de olvidar que una persona que busca y desea sinceramente creer, para Dios es ya creyente. Muchas veces, no es posible hacer mucho más. Y Dios, que comprende nuestra impotencia y debilidad, tiene sus caminos para encontrarse con cada uno y ofrecerle su salvación.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    También el de Kamiano.

    LA PAZ DEL RESUCITADO

    [align=justify]Jesús Resucitado nos trae el don de la paz. La experiencia de la Resurrección, el encuentro, sus heridas de amor en el Domingo de la Divina Misericordia, envuelven con su mano cordial la Paz. La Paz don de su amor traspasado, de sus heridas que nos han curado, de la alegría que nos hace más hermanos y genuinamente humanos. Expresemos como comunidad creyente lo que significa la Resurrección, que Cristo vive y está en medio de nosotros, del mundo, de la sociedad. No nos dejemos vencer por el pesimismo, la violencia o la dañina indiferencia. El Resucitado nos mueve con el regalo de la paz. No lo olvidemos. Algunos necesitarán señales, pruebas… No hay más prueba que su donación, que las señales de su entrega por Amor, que su fidelidad al Padre, que el darse hasta el extremo… No hay manera de vivir al Resucitado sino en el encuentro con Él. Ya seamos Tomás, Pedro, María,… Encontrarnos con Jesús Resucitado. Tarea principal del tiempo pascual.[/align]

    [align=right]Dibujo: Patxi Velasco Fano

    Texto: Fernando Cordero ss.cc. – [/align]

    #18905
    Anónimo
    Inactivo

    Os dejo los comentarios al Evangelio del domingo.

    NO SEAS INCRÉDULO SINO CREYENTE

    [align=justify]La figura de Tomás como discípulo que se resiste a creer ha sido muy popular entre los cristianos. Sin embargo, el relato evangélico dice mucho más de este discípulo escéptico. Jesús resucitado se dirige a él con unas palabras que tienen mucho de llamada apremiante, pero también de invitación amorosa: «No seas incrédulo, sino creyente». Tomás, que lleva una semana resistiéndose a creer, responde a Jesús con la confesión de fe más solemne que podemos leer en los evangelios: «Señor mío y Dios mío».

    ¿Qué ha experimentado este discípulo en Jesús resucitado? ¿Qué es lo que ha transformado al hombre hasta entonces dubitativo y vacilante? ¿Qué recorrido interior lo ha llevado del escepticismo hasta la confianza? Lo sorprendente es que, según el relato, Tomás renuncia a verificar la verdad de la resurrección tocando las heridas de Jesús. Lo que le abre a la fe es Jesús mismo con su invitación.

    A lo largo de estos años, hemos cambiado mucho por dentro. Nos hemos hecho más escépticos, pero también más frágiles. Nos hemos hecho más críticos, pero también más inseguros. Cada uno hemos de decidir cómo queremos vivir y cómo queremos morir. Cada uno hemos de responder a esa llamada que, tarde o temprano, de forma inesperada o como fruto de un proceso interior, nos puede llegar de Jesús: «No seas incrédulo, sino creyente».

    Tal vez necesitamos despertar más nuestro deseo de verdad. Desarrollar esa sensibilidad interior que todos tenemos para percibir, más allá de lo visible y lo tangible, la presencia del Misterio que sostiene nuestras vidas. Ya no es posible vivir como personas que lo saben todo. No es verdad. Todos, creyentes y no creyentes, ateos y agnósticos, caminamos por la vida envueltos en tinieblas. Como dice Pablo de Tarso, a Dios lo buscamos «a tientas».

    ¿Por qué no enfrentarnos al misterio de la vida y de la muerte confiando en el Amor como última Realidad de todo? Esta es la invitación decisiva de Jesús. Más de un creyente siente hoy que su fe se ha ido convirtiendo en algo cada vez más irreal y menos fundamentado. No lo sé. Tal vez, ahora que no podemos ya apoyar nuestra fe en falsas seguridades, estamos aprendiendo a buscar a Dios con un corazón más humilde y sincero.

    No hemos de olvidar que una persona que busca y desea sinceramente creer, para Dios es ya creyente. Muchas veces, no es posible hacer mucho más. Y Dios, que comprende nuestra impotencia y debilidad, tiene sus caminos para encontrarse con cada uno y ofrecerle su salvación.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    También el de Kamiano.

    LA PAZ DEL RESUCITADO

    [align=justify]Jesús Resucitado nos trae el don de la paz. La experiencia de la Resurrección, el encuentro, sus heridas de amor en el Domingo de la Divina Misericordia, envuelven con su mano cordial la Paz. La Paz don de su amor traspasado, de sus heridas que nos han curado, de la alegría que nos hace más hermanos y genuinamente humanos. Expresemos como comunidad creyente lo que significa la Resurrección, que Cristo vive y está en medio de nosotros, del mundo, de la sociedad. No nos dejemos vencer por el pesimismo, la violencia o la dañina indiferencia. El Resucitado nos mueve con el regalo de la paz. No lo olvidemos. Algunos necesitarán señales, pruebas… No hay más prueba que su donación, que las señales de su entrega por Amor, que su fidelidad al Padre, que el darse hasta el extremo… No hay manera de vivir al Resucitado sino en el encuentro con Él. Ya seamos Tomás, Pedro, María,… Encontrarnos con Jesús Resucitado. Tarea principal del tiempo pascual.[/align]

    [align=right]Dibujo: Patxi Velasco Fano

    Texto: Fernando Cordero ss.cc. – [/align]

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