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30 junio, 2014 a las 11:40 #8845
Anónimo
InactivoSoy manso y humilde de corazón.Lectura del santo evangelio según San MateoEn aquel tiempo, exclamó Jesús:
-«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»
Palabra del Señor.4 julio, 2014 a las 15:08 #12768Anónimo
Inactivo[align=justify]Os dejo los comentarios al Evangelio:EL ARTE DE DESCANSARSomos muchos los que vivimos sometidos a un ritmo duro de trabajo que nos va desgastando a lo largo de los meses. Por eso, al llegar el verano, todos buscamos de una manera u otra un tiempo de descanso que nos ayude a liberarnos de la tensión, el agobio y el desgaste que hemos ido acumulando a lo largo de los días.
Pero, ¿qué es descansar? ¿Es suficiente recuperar nuestras fuerzas físicas, tomando el sol durantehoras y más horas junto a la orilla de cualquier mar? ¿Basta con olvidar nuestros problemas y conflictos sumergiéndonos en el ruido de nuestras fiestas y verbenas? Al retorno de las vacaciones, más de uno siente en su interior la sensación de haberlas perdido. Y es que también en vacaciones podemos caer en la tiranía de la agitación, el ruido, la superficialidad y la ansiedad del disfrute fácil y agotador. No todos sabemos descansar. Y quizá el hombre moderno necesita urgentemente iniciarse en el arte del verdadero descanso.
Necesitamos, antes que nada, encontramos más profundamente con nosotros mismos y buscar el silencio, la calma y la serenidad que tantas veces nos faltan durante el año, para escuchar lo mejor que hay dentro de nosotros y a nuestro alrededor.
Necesitamos recordar que una vida intensa no es una vida agitada. Queremos tenerlo todo, acapararlo y disfrutarlo todo. Y nos hacemos rodear de mil cosas superfluas e inútiles que ahogan nuestra libertad y espontaneidad.
Necesitamos redescubrir la naturaleza, contemplar la vida que brota cerca de nosotros, detenernos ante las cosas pequeñas y las gentes sencillas y buenas. Experimentar que la felicidad tiene poco que ver con la riqueza, los éxitos y el placer fácil.
Necesitamos recordar que el sentido último de la vida no se agota en el esfuerzo, el trabajo y la lucha. Por el contrario, se nos revela con más claridad en la fiesta, el gozo compartido, la amistad y la convivencia fraterna.
Pero necesitamos, además, arraigar nuestra vida en ese Dios «amigo de la vida», fuente del verdadero y definitivo descanso. ¿Puede descansar el corazón del ser humano sin encontrarse con Dios?
Escuchemos con fe las palabras de Jesús: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os haré descansar».
TRES LLAMADAS DE JESÚS“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados. Yo os aliviaré” . Hay también cristianos cansados de vivir su religión como una tradición gastada. Si se encuentran con Jesús, aprenderán a vivir a gusto con Dios. Descubrirán una alegría interior que hoy no conocen. Seguirán a Jesús, no por obligación sino por atracción.
“Cargad con mi yugo porque es llevadero y mi carga ligera” Jesús libera de miedos y presiones, no los introduce; hace crecer nuestra libertad, no nuestras servidumbres; despierta en nosotros la confianza, nunca la tristeza; nos atrae hacia el amor, no hacia las leyes y preceptos. Nos invita a vivir haciendo el bien.
“Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis descanso”Es la tercera llamada. Hemos de aprender de Jesús a vivir como él. Jesús no complica nuestra vida. La hace más clara y más sencilla, más humilde y más sana. Ofrece descanso. No propone nunca a sus seguidores algo que él no haya vivido. Nos invita a seguirlo por el mismo camino que él ha recorrido. Por eso puede entender nuestras dificultades y nuestros esfuerzos, puede perdonar nuestras torpezas y errores, animándonos siempre a levantarnos.
Hemos de centrar nuestros esfuerzos en promover un contacto más vital con Jesús en tantos hombres y mujeres necesitados de aliento, descanso y paz. Me entristece ver que es precisamente su modo de entender y de vivir la religión lo que conduce a no pocos, casi inevitablemente, a no conocer la experiencia de confiar en Jesús. Pienso en tantas personas que, dentro y fuera de la Iglesia, viven “perdidos”, sinsaber a qué puerta llamar. Sé que Jesús podría ser paraellos la gran noticia.
También el de Kamiano.
EL CANSANCIO DEL DESAMOR.El Corazón de Jesús es lugar para nuestro reposo, sosiego en nuestros agobios y consuelo en los momentos más duros. Ese descanso no nos paraliza, sino que dinamiza nuestra entrega. No es descanso del que huye responsabilidades y trabajos. Es descanso para centrar la vida y sentir en manos de quién estamos. La situación más grave que podemos atravesar es la de renunciar a amar por cansancio. Cansados de que nos hieran, de críticas amargas, de diferencias irreconciliables, quizá pensemos que el yugo es una carga demasiado pesada para nosotros.
El combate de la fe nos lleva a amar sin descanso, encontrando nuestra dicha en descubrir los misterios del Reino revelados a los sencillos. Tratemos de cargar el yugo con humildad, para acoger a los compañeros de camino como amigos, sin creernos sabios ni maestros, confiando en que el Espíritu está presente antes de que nosotros lleguemos.
Fraternalmente.-
[/align] 4 julio, 2014 a las 15:08 #18821Anónimo
Inactivo[align=justify]Os dejo los comentarios al Evangelio:EL ARTE DE DESCANSARSomos muchos los que vivimos sometidos a un ritmo duro de trabajo que nos va desgastando a lo largo de los meses. Por eso, al llegar el verano, todos buscamos de una manera u otra un tiempo de descanso que nos ayude a liberarnos de la tensión, el agobio y el desgaste que hemos ido acumulando a lo largo de los días.
Pero, ¿qué es descansar? ¿Es suficiente recuperar nuestras fuerzas físicas, tomando el sol durantehoras y más horas junto a la orilla de cualquier mar? ¿Basta con olvidar nuestros problemas y conflictos sumergiéndonos en el ruido de nuestras fiestas y verbenas? Al retorno de las vacaciones, más de uno siente en su interior la sensación de haberlas perdido. Y es que también en vacaciones podemos caer en la tiranía de la agitación, el ruido, la superficialidad y la ansiedad del disfrute fácil y agotador. No todos sabemos descansar. Y quizá el hombre moderno necesita urgentemente iniciarse en el arte del verdadero descanso.
Necesitamos, antes que nada, encontramos más profundamente con nosotros mismos y buscar el silencio, la calma y la serenidad que tantas veces nos faltan durante el año, para escuchar lo mejor que hay dentro de nosotros y a nuestro alrededor.
Necesitamos recordar que una vida intensa no es una vida agitada. Queremos tenerlo todo, acapararlo y disfrutarlo todo. Y nos hacemos rodear de mil cosas superfluas e inútiles que ahogan nuestra libertad y espontaneidad.
Necesitamos redescubrir la naturaleza, contemplar la vida que brota cerca de nosotros, detenernos ante las cosas pequeñas y las gentes sencillas y buenas. Experimentar que la felicidad tiene poco que ver con la riqueza, los éxitos y el placer fácil.
Necesitamos recordar que el sentido último de la vida no se agota en el esfuerzo, el trabajo y la lucha. Por el contrario, se nos revela con más claridad en la fiesta, el gozo compartido, la amistad y la convivencia fraterna.
Pero necesitamos, además, arraigar nuestra vida en ese Dios «amigo de la vida», fuente del verdadero y definitivo descanso. ¿Puede descansar el corazón del ser humano sin encontrarse con Dios?
Escuchemos con fe las palabras de Jesús: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os haré descansar».
TRES LLAMADAS DE JESÚS“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados. Yo os aliviaré” . Hay también cristianos cansados de vivir su religión como una tradición gastada. Si se encuentran con Jesús, aprenderán a vivir a gusto con Dios. Descubrirán una alegría interior que hoy no conocen. Seguirán a Jesús, no por obligación sino por atracción.
“Cargad con mi yugo porque es llevadero y mi carga ligera” Jesús libera de miedos y presiones, no los introduce; hace crecer nuestra libertad, no nuestras servidumbres; despierta en nosotros la confianza, nunca la tristeza; nos atrae hacia el amor, no hacia las leyes y preceptos. Nos invita a vivir haciendo el bien.
“Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis descanso”Es la tercera llamada. Hemos de aprender de Jesús a vivir como él. Jesús no complica nuestra vida. La hace más clara y más sencilla, más humilde y más sana. Ofrece descanso. No propone nunca a sus seguidores algo que él no haya vivido. Nos invita a seguirlo por el mismo camino que él ha recorrido. Por eso puede entender nuestras dificultades y nuestros esfuerzos, puede perdonar nuestras torpezas y errores, animándonos siempre a levantarnos.
Hemos de centrar nuestros esfuerzos en promover un contacto más vital con Jesús en tantos hombres y mujeres necesitados de aliento, descanso y paz. Me entristece ver que es precisamente su modo de entender y de vivir la religión lo que conduce a no pocos, casi inevitablemente, a no conocer la experiencia de confiar en Jesús. Pienso en tantas personas que, dentro y fuera de la Iglesia, viven “perdidos”, sinsaber a qué puerta llamar. Sé que Jesús podría ser paraellos la gran noticia.
También el de Kamiano.
EL CANSANCIO DEL DESAMOR.El Corazón de Jesús es lugar para nuestro reposo, sosiego en nuestros agobios y consuelo en los momentos más duros. Ese descanso no nos paraliza, sino que dinamiza nuestra entrega. No es descanso del que huye responsabilidades y trabajos. Es descanso para centrar la vida y sentir en manos de quién estamos. La situación más grave que podemos atravesar es la de renunciar a amar por cansancio. Cansados de que nos hieran, de críticas amargas, de diferencias irreconciliables, quizá pensemos que el yugo es una carga demasiado pesada para nosotros.
El combate de la fe nos lleva a amar sin descanso, encontrando nuestra dicha en descubrir los misterios del Reino revelados a los sencillos. Tratemos de cargar el yugo con humildad, para acoger a los compañeros de camino como amigos, sin creernos sabios ni maestros, confiando en que el Espíritu está presente antes de que nosotros lleguemos.
Fraternalmente.-
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