Inicio Foros Formación cofrade Evangelio Dominical y Festividades Evangelio del domingo 06/12/2015 2º Domingo de Adviento

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  • #9466
    Anónimo
    Inactivo

    «Y todos verán la salvación de Dios»

    Lectura del santo evangelio según San Lucas

    En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

    Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:

    «Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.»

    Palabra del Señor.

    #12829
    Anónimo
    Inactivo

    Os dejo los comentarios al Evangelio.

    RECUPERAR CAMINOS

    [align=justify]Es muy fácil quedarse en la vida «sin caminos» hacia Dios. No hace falta ser ateo. No es necesario rechazar a Dios de manera consciente. Basta seguir la tendencia general de nuestros días e instalarse en la indiferencia religiosa. Poco a poco, Dios desaparece del horizonte. Cada vez interesa menos. ¿Es posible recuperar hoy caminos nuevos hacia Dios?

    Tal vez, lo primero sea recuperar «la humanidad de la religión». Abandonar caminos ambiguos que conducen hacia un Dios interesado y dominador, celoso sólo de su gloria y poder, y en definitiva poco humano, para abrirse a un Dios que sólo busca y desea, desde ahora y para siempre, lo mejor para nosotros. Dios no es el Ser Supremo que aplasta y humilla, sino el Amor Santo que atrae y da vida. Las personas volverán a Dios, no atraídas por lo «tremendum» sino por lo «fascinans» de su misterio.

    Es necesario, al mismo tiempo, ensanchar el horizonte de nuestra vida. Estamos llenando nuestra existencia de cosas y nos estamos quedando vacíos por dentro. Vivimos informados de todo, pero ya no sabemos hacia donde orientar nuestra vida. Nos creemos los seres más inteligentes y progresistas de la historia, pero no sabemos entrar en nuestro corazón, meditar, orar o dar gracias. Sólo camina hacia Dios el que no está satisfecho con el lugar actual y busca uno nuevo para existir.

    Es importante, además, buscar un «fundamento sólido» a la vida. ¿En qué nos podemos apoyar en medio de tanta incertidumbre y desconcierto? La vida es como una casa: hay que cuidar la fachada y el tejado, pero lo importante es construir sobre cimiento seguro. Al final, siempre necesitamos poner nuestra confianza última en algo o en alguien. ¿No será que necesitamos a Dios?

    Para recuperar caminos hacia Dios necesitamos aprender a callar. A lo más íntimo de la existencia se llega, no cuando hablamos y nos agitamos, sino cuando hacemos silencio. Cuando la persona se recoge y está callada ante Dios, el corazón tarde o temprano comienza a abrirse.

    Se puede vivir encerrado en uno mismo, sin caminos hacia nada nuevo y creador. Pero se puede también buscar nuevos caminos hacia Dios. A ello nos invita el Bautista.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    EN EL MARCO DEL DESIERTO

    [align=justify]Lucas tiene interés en precisar con detalle los nombres de los personajes que controlan en aquel momento las diferentes esferas del poder político y religioso. Ellos son quienes lo planifican y dirigen todo. Sin embargo, el acontecimiento decisivo de Jesucristo se prepara y acontece fuera de su ámbito de influencia y poder, sin que ellos se enteren ni decidan nada.

    Así aparece siempre lo esencial en el mundo y en nuestras vidas. Así penetra en la historia humana la gracia y la salvación de Dios. Lo esencial no está en manos de los poderosos. Lucas dice escuetamente que «la Palabra de Dios vino sobre Juan en el desierto», no en la Roma imperial ni en el recinto sagrado del Templo de Jerusalén.

    En ninguna parte se puede escuchar mejor que en el desierto la llamada de Dios a cambiar el mundo. El desierto es el territorio de la verdad. El lugar donde se vive de lo esencial. No hay sitio para lo superfluo. No se puede vivir acumulando cosas sin necesidad. No es posible el lujo ni la ostentación. Lo decisivo es buscar el camino acertado para orientar la vida.

    Por eso, algunos profetas añoraban tanto el desierto, símbolo de una vida más sencilla y mejor enraizada en lo esencial, una vida todavía sin distorsionar por tantas infidelidades a Dios y tantas injusticias con el pueblo. En este marco del desierto, el Bautista anuncia el símbolo grandioso del «Bautismo», punto de partida de conversión, purificación, perdón e inicio de vida nueva.

    ¿Cómo responder hoy a esta llamada? El Bautista lo resume en una imagen tomada de Isaías: «Preparad el camino del Señor». Nuestras vidas están sembradas de obstáculos y resistencias que impiden o dificultan la llegada de Dios a nuestros corazones y comunidades, a nuestra Iglesia y a nuestro mundo. Dios está siempre cerca. Somos nosotros los que hemos de abrir caminos para acogerlo encarnado en Jesús.

    Las imágenes de Isaías invitan a compromisos muy básicos y fundamentales: cuidar mejor lo esencial sin distraernos en lo secundario; rectificar lo que hemos ido deformando entre todos; enderezar caminos torcidos; afrontar la verdad real de nuestras vidas para recuperar un talante de conversión. Hemos de cuidar bien los bautizos de nuestros niños, pero lo que necesitamos todos es un «bautismo de conversión».

    Un grito estridente y doloroso se escucha hoy en nuestra sociedad contemporánea. Es la voz de los marginados, los indefensos, los atropellados, los ancianos, los humillados, los manipulados, los desprovistos de toda defensa ante las injusticias de los más poderosos.

    Es una voz que nos urge a «socializar» más nuestra vida y a empeñarnos en nuevos caminos que nos conduzcan a una sociedad distinta, organizada no en función de los intereses de unos privilegiados sino de las necesidades de los débiles e indefensos.

    La salvación viene siempre de una palabra de Dios. Y esta palabra se nos dirige incesantemente a todas las personas también hoy, aunque raramente encuentre a alguien que la escuche en su corazón.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    También el de Kamiano.

    EL CAMINO CON PEQUEÑOS GESTOS

    [align=justify]Me gusta mucho este dibujo de Patxi en este tiempo de conversión que es el Adviento. Me parece una interpretación preciosa de la figura de Juan Bautista, el Precursor, el que le prepara el camino al Mesías. ¡Qué mejor camino que el que vamos preparando con pequeños gestos de amor! ¡Cuántas oportunidades de allanar caminos tendiendo manos, uniendo corazones, perdonando, entregándose a fondo perdido! El camino es el amor. Allanar caminos es allanar corazones, ganar corazones, enlosar el mundo de amor. Juan Bautista quiere que le ayudemos en esta ingente tarea y que lo hagamos con cuidado, con mimo. El Señor pasa por nuestro camino. Hemos de ofrecerle lo mejor de nosotros mismos que habita en nuestro corazón. Queridos amigos, reflexionemos en esta segunda semana sobre cómo poder allanar con amor el camino al Mesías, ya a las puertas del inicio del Año de la Misericordia y de la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María –[/align]
    [align=right]Texto: Fernando Cordero, ss.cc.[/align]
    [align=right]Dibujo: Patxi Velasco, FANO[/align]

    Fraternalmente.-

    #18882
    Anónimo
    Inactivo

    Os dejo los comentarios al Evangelio.

    RECUPERAR CAMINOS

    [align=justify]Es muy fácil quedarse en la vida «sin caminos» hacia Dios. No hace falta ser ateo. No es necesario rechazar a Dios de manera consciente. Basta seguir la tendencia general de nuestros días e instalarse en la indiferencia religiosa. Poco a poco, Dios desaparece del horizonte. Cada vez interesa menos. ¿Es posible recuperar hoy caminos nuevos hacia Dios?

    Tal vez, lo primero sea recuperar «la humanidad de la religión». Abandonar caminos ambiguos que conducen hacia un Dios interesado y dominador, celoso sólo de su gloria y poder, y en definitiva poco humano, para abrirse a un Dios que sólo busca y desea, desde ahora y para siempre, lo mejor para nosotros. Dios no es el Ser Supremo que aplasta y humilla, sino el Amor Santo que atrae y da vida. Las personas volverán a Dios, no atraídas por lo «tremendum» sino por lo «fascinans» de su misterio.

    Es necesario, al mismo tiempo, ensanchar el horizonte de nuestra vida. Estamos llenando nuestra existencia de cosas y nos estamos quedando vacíos por dentro. Vivimos informados de todo, pero ya no sabemos hacia donde orientar nuestra vida. Nos creemos los seres más inteligentes y progresistas de la historia, pero no sabemos entrar en nuestro corazón, meditar, orar o dar gracias. Sólo camina hacia Dios el que no está satisfecho con el lugar actual y busca uno nuevo para existir.

    Es importante, además, buscar un «fundamento sólido» a la vida. ¿En qué nos podemos apoyar en medio de tanta incertidumbre y desconcierto? La vida es como una casa: hay que cuidar la fachada y el tejado, pero lo importante es construir sobre cimiento seguro. Al final, siempre necesitamos poner nuestra confianza última en algo o en alguien. ¿No será que necesitamos a Dios?

    Para recuperar caminos hacia Dios necesitamos aprender a callar. A lo más íntimo de la existencia se llega, no cuando hablamos y nos agitamos, sino cuando hacemos silencio. Cuando la persona se recoge y está callada ante Dios, el corazón tarde o temprano comienza a abrirse.

    Se puede vivir encerrado en uno mismo, sin caminos hacia nada nuevo y creador. Pero se puede también buscar nuevos caminos hacia Dios. A ello nos invita el Bautista.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    EN EL MARCO DEL DESIERTO

    [align=justify]Lucas tiene interés en precisar con detalle los nombres de los personajes que controlan en aquel momento las diferentes esferas del poder político y religioso. Ellos son quienes lo planifican y dirigen todo. Sin embargo, el acontecimiento decisivo de Jesucristo se prepara y acontece fuera de su ámbito de influencia y poder, sin que ellos se enteren ni decidan nada.

    Así aparece siempre lo esencial en el mundo y en nuestras vidas. Así penetra en la historia humana la gracia y la salvación de Dios. Lo esencial no está en manos de los poderosos. Lucas dice escuetamente que «la Palabra de Dios vino sobre Juan en el desierto», no en la Roma imperial ni en el recinto sagrado del Templo de Jerusalén.

    En ninguna parte se puede escuchar mejor que en el desierto la llamada de Dios a cambiar el mundo. El desierto es el territorio de la verdad. El lugar donde se vive de lo esencial. No hay sitio para lo superfluo. No se puede vivir acumulando cosas sin necesidad. No es posible el lujo ni la ostentación. Lo decisivo es buscar el camino acertado para orientar la vida.

    Por eso, algunos profetas añoraban tanto el desierto, símbolo de una vida más sencilla y mejor enraizada en lo esencial, una vida todavía sin distorsionar por tantas infidelidades a Dios y tantas injusticias con el pueblo. En este marco del desierto, el Bautista anuncia el símbolo grandioso del «Bautismo», punto de partida de conversión, purificación, perdón e inicio de vida nueva.

    ¿Cómo responder hoy a esta llamada? El Bautista lo resume en una imagen tomada de Isaías: «Preparad el camino del Señor». Nuestras vidas están sembradas de obstáculos y resistencias que impiden o dificultan la llegada de Dios a nuestros corazones y comunidades, a nuestra Iglesia y a nuestro mundo. Dios está siempre cerca. Somos nosotros los que hemos de abrir caminos para acogerlo encarnado en Jesús.

    Las imágenes de Isaías invitan a compromisos muy básicos y fundamentales: cuidar mejor lo esencial sin distraernos en lo secundario; rectificar lo que hemos ido deformando entre todos; enderezar caminos torcidos; afrontar la verdad real de nuestras vidas para recuperar un talante de conversión. Hemos de cuidar bien los bautizos de nuestros niños, pero lo que necesitamos todos es un «bautismo de conversión».

    Un grito estridente y doloroso se escucha hoy en nuestra sociedad contemporánea. Es la voz de los marginados, los indefensos, los atropellados, los ancianos, los humillados, los manipulados, los desprovistos de toda defensa ante las injusticias de los más poderosos.

    Es una voz que nos urge a «socializar» más nuestra vida y a empeñarnos en nuevos caminos que nos conduzcan a una sociedad distinta, organizada no en función de los intereses de unos privilegiados sino de las necesidades de los débiles e indefensos.

    La salvación viene siempre de una palabra de Dios. Y esta palabra se nos dirige incesantemente a todas las personas también hoy, aunque raramente encuentre a alguien que la escuche en su corazón.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    También el de Kamiano.

    EL CAMINO CON PEQUEÑOS GESTOS

    [align=justify]Me gusta mucho este dibujo de Patxi en este tiempo de conversión que es el Adviento. Me parece una interpretación preciosa de la figura de Juan Bautista, el Precursor, el que le prepara el camino al Mesías. ¡Qué mejor camino que el que vamos preparando con pequeños gestos de amor! ¡Cuántas oportunidades de allanar caminos tendiendo manos, uniendo corazones, perdonando, entregándose a fondo perdido! El camino es el amor. Allanar caminos es allanar corazones, ganar corazones, enlosar el mundo de amor. Juan Bautista quiere que le ayudemos en esta ingente tarea y que lo hagamos con cuidado, con mimo. El Señor pasa por nuestro camino. Hemos de ofrecerle lo mejor de nosotros mismos que habita en nuestro corazón. Queridos amigos, reflexionemos en esta segunda semana sobre cómo poder allanar con amor el camino al Mesías, ya a las puertas del inicio del Año de la Misericordia y de la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María –[/align]
    [align=right]Texto: Fernando Cordero, ss.cc.[/align]
    [align=right]Dibujo: Patxi Velasco, FANO[/align]

    Fraternalmente.-

Viendo 3 entradas - de la 1 a la 3 (de un total de 3)
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