Inicio › Foros › Formación cofrade › Evangelio Dominical y Festividades › Evangelio del domingo 11/05/2014 4º de Pascua
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7 mayo, 2014 a las 10:48 #8778
Anónimo
InactivoYo soy la puerta de las ovejasLectura del santo evangelio según San JuanEn aquel tiempo, dijo Jesús:
-«Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
-«Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mi son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.»
Palabra del Señor.8 mayo, 2014 a las 16:28 #12748Anónimo
Inactivo[align=justify]De vuelta, os dejo los comentarios del Evangelio del domingo.NUEVA RELACIÓN CON JESÚSEn las comunidades cristianas necesitamos vivir una experiencia nueva de Jesús reavivando nuestra relación con él. Ponerlo decididamente en el centro de nuestra vida. Pasar de un Jesús confesado de manera rutinaria a un Jesús acogido vitalmente. El evangelio de Juan hace algunas sugerencias importantes al hablar de la relación de las ovejas con su Pastor.
Lo primero es “escuchar su voz” en toda su frescura y originalidad. No con fundirla con el respeto a las tradiciones ni con la novedad de las modas. No dejarnos distraer ni aturdir por otras voces extrañas que, aunque se escuchen en el interior de la Iglesia, no comunican su Buena Noticia.
Es importante sentirnos llamados por Jesús “por nuestro nombre”. Dejarnos atraer por él personalmente. Descubrir poco a poco, y cada vez con más alegría, que nadie responde como él a nuestras preguntas más decisivas, nuestros anhelos más profundos y nuestras necesidades últimas.
Es decisivo “seguir” a Jesús. La fe cristiana no consiste en creer cosas sobre Jesús, sino en creerle a él: vivir confiando en su persona. Inspirarnos en su estilo de vida para orientar nuestra propia existencia con lucidez y responsabilidad.
Es vital caminar teniendo a Jesús “delante de nosotros”. No hacer el recorrido de nuestra vida en solitario. Experimentar en algún momento, aunque sea de manera torpe, que es posible vivir la vida desde su raíz: desde ese Dios que se nos ofrece en Jesús, más humano, más amigo, más cercano y salvador que todas nuestras teorías.
Esta relación viva con Jesús no nace en nosotros de manera automática. Se va despertando en nuestro interior de forma frágil y humilde. Al comienzo, es casi solo un deseo. Por lo general, crece rodeada de dudas, interrogantes y resistencias. Pero, no sé cómo, llega un momento en el que el contacto con Jesús empieza a marcar decisivamente nuestra vida.
Estoy convencido de que el futuro de la fe entre nosotros se está decidiendo, en buena parte, en la conciencia de quienes en estos momentos nos sentimos cristianos. Ahora mismo, la fe se está reavivando o se va extinguiendo en nuestras parroquias y comunidades, en el corazón de los sacerdotes y fieles que las formamos.
La increencia empieza a penetrar en nosotros desde el mismo momento en que nuestra relación con Jesús pierde fuerza, o queda adormecida por la rutina, la indiferencia y la despreocupación. Por eso, el Papa Francisco ha reconocido que “necesitamos crear espacios motivadores y sanadores… lugares donde regenerar la fe en Jesús”. Hemos de escuchar su llamada.
También el de Kamiano.
EL BUEN PASTOR PRONUNCIA MI NOMBRE.-Cuando nos llaman por nuestro nombre, sentimos que somos alguien para el otro. Saber que el Señor nos conoce por nuestro nombre, conoce nuestra historia, nos cuida y sostiene es lo más importante de la vida. Lo que más seguridad, agradecimiento y amor nos puede dar. Sabernos pronunciados y amados por el Buen Pastor.
Patxi, además, nos pide que dibujemos nuestro nombre. A la lista de tantos nombres, unimos el nuestro, como algo especial. Nos sentimos también especiales para Dios. Y podríamos poner el nombre de los que no cuentan, los no nombrados, los silenciados, los traicionados por los “pastores” del mundo…
Sabernos en los labios del Buen Pastor es el mejor antídoto contra el miedo. El tiempo de Pascua, el Cirio del Buen Pastor, quita miedos e inseguridades. Nos impulsa a ese abrazo único de la alegría y de la esperanza. Las ovejas conocen a su pastor y le siguen. Sabiéndonos en sus manos y a su cuidado, aprendamos a descansar en su Corazón, auténtica puerta para la vida.
Esta semana, además, celebraremos el 10 de mayo la fiesta litúrgica de San Damián de Molokai, un Pastor según el Corazón de Dios, que tanto bien hizo a los enfermos de lepra en Molokai y que tanto bien nos hace a nosotros con su testimonio tan actual.
Fraternalmente.-
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8 mayo, 2014 a las 16:28 #18801Anónimo
Inactivo[align=justify]De vuelta, os dejo los comentarios del Evangelio del domingo.NUEVA RELACIÓN CON JESÚSEn las comunidades cristianas necesitamos vivir una experiencia nueva de Jesús reavivando nuestra relación con él. Ponerlo decididamente en el centro de nuestra vida. Pasar de un Jesús confesado de manera rutinaria a un Jesús acogido vitalmente. El evangelio de Juan hace algunas sugerencias importantes al hablar de la relación de las ovejas con su Pastor.
Lo primero es “escuchar su voz” en toda su frescura y originalidad. No con fundirla con el respeto a las tradiciones ni con la novedad de las modas. No dejarnos distraer ni aturdir por otras voces extrañas que, aunque se escuchen en el interior de la Iglesia, no comunican su Buena Noticia.
Es importante sentirnos llamados por Jesús “por nuestro nombre”. Dejarnos atraer por él personalmente. Descubrir poco a poco, y cada vez con más alegría, que nadie responde como él a nuestras preguntas más decisivas, nuestros anhelos más profundos y nuestras necesidades últimas.
Es decisivo “seguir” a Jesús. La fe cristiana no consiste en creer cosas sobre Jesús, sino en creerle a él: vivir confiando en su persona. Inspirarnos en su estilo de vida para orientar nuestra propia existencia con lucidez y responsabilidad.
Es vital caminar teniendo a Jesús “delante de nosotros”. No hacer el recorrido de nuestra vida en solitario. Experimentar en algún momento, aunque sea de manera torpe, que es posible vivir la vida desde su raíz: desde ese Dios que se nos ofrece en Jesús, más humano, más amigo, más cercano y salvador que todas nuestras teorías.
Esta relación viva con Jesús no nace en nosotros de manera automática. Se va despertando en nuestro interior de forma frágil y humilde. Al comienzo, es casi solo un deseo. Por lo general, crece rodeada de dudas, interrogantes y resistencias. Pero, no sé cómo, llega un momento en el que el contacto con Jesús empieza a marcar decisivamente nuestra vida.
Estoy convencido de que el futuro de la fe entre nosotros se está decidiendo, en buena parte, en la conciencia de quienes en estos momentos nos sentimos cristianos. Ahora mismo, la fe se está reavivando o se va extinguiendo en nuestras parroquias y comunidades, en el corazón de los sacerdotes y fieles que las formamos.
La increencia empieza a penetrar en nosotros desde el mismo momento en que nuestra relación con Jesús pierde fuerza, o queda adormecida por la rutina, la indiferencia y la despreocupación. Por eso, el Papa Francisco ha reconocido que “necesitamos crear espacios motivadores y sanadores… lugares donde regenerar la fe en Jesús”. Hemos de escuchar su llamada.
También el de Kamiano.
EL BUEN PASTOR PRONUNCIA MI NOMBRE.-Cuando nos llaman por nuestro nombre, sentimos que somos alguien para el otro. Saber que el Señor nos conoce por nuestro nombre, conoce nuestra historia, nos cuida y sostiene es lo más importante de la vida. Lo que más seguridad, agradecimiento y amor nos puede dar. Sabernos pronunciados y amados por el Buen Pastor.
Patxi, además, nos pide que dibujemos nuestro nombre. A la lista de tantos nombres, unimos el nuestro, como algo especial. Nos sentimos también especiales para Dios. Y podríamos poner el nombre de los que no cuentan, los no nombrados, los silenciados, los traicionados por los “pastores” del mundo…
Sabernos en los labios del Buen Pastor es el mejor antídoto contra el miedo. El tiempo de Pascua, el Cirio del Buen Pastor, quita miedos e inseguridades. Nos impulsa a ese abrazo único de la alegría y de la esperanza. Las ovejas conocen a su pastor y le siguen. Sabiéndonos en sus manos y a su cuidado, aprendamos a descansar en su Corazón, auténtica puerta para la vida.
Esta semana, además, celebraremos el 10 de mayo la fiesta litúrgica de San Damián de Molokai, un Pastor según el Corazón de Dios, que tanto bien hizo a los enfermos de lepra en Molokai y que tanto bien nos hace a nosotros con su testimonio tan actual.
Fraternalmente.-
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