Inicio Foros Formación cofrade Evangelio Dominical y Festividades Evangelio del domingo 11/10/2015 28º de Tiempo Ordinario

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    Anónimo
    Inactivo

    «Vende lo que tienes y sígueme»

    Lectura del santo evangelio según San Marcos

    En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó:

    – «Maestro bueno, ¿Qué haré para heredar la vida eterna?»

    Jesús le contestó:

    – «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.»

    Él replicó:

    – «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.»

    Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo:

    – «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.»

    A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.

    Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos:

    – «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!»

    Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió:

    «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.»

    Ellos se espantaron y comentaban:

    «Entonces, ¿Quién puede salvarse?»

    Jesús se les quedó mirando. y les dijo:

    «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»

    Pedro se puso a decirle:

    «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»

    Jesús dijo:

    «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones- , y en la edad futura, vida eterna.»

    Palabra del Señor.

    #12820
    Anónimo
    Inactivo

    Os dejo los comentarios al Evangelio.

    EL CAMBIO FUNDAMENTAL

    [align=justify]El cambio fundamental al que nos llama Jesús es claro. Dejar de ser unos egoístas que ven a los demás en función de sus propios intereses para atrevemos a iniciar una vida más fraterna y solidaria. Por eso, a un hombre rico que observa fielmente todos los preceptos de la ley, pero que vive encerrado en su propia riqueza, le falta algo esencial para ser discípulo suyo: compartir lo que tiene con los necesitados.

    Hay algo muy claro en el evangelio de Jesús. La vida no se nos ha dado para hacer dinero, para tener éxito o para lograr un bienestar personal, sino para hacernos hermanos. Si pudiéramos ver el proyecto de Dios con la transparencia con que lo ve Jesús y comprender con una sola mirada el fondo último de la existencia, nos daríamos cuenta de que lo único importante es crear fraternidad. El amor fraterno que nos lleva a compartir lo nuestro con los necesitados es «la única fuerza de crecimiento», lo único que hace avanzar decisivamente a la humanidad hacia su salvación.

    El hombre más logrado no es, como a veces se piensa, aquel que consigue acumular más cantidad de dinero, sino quien sabe convivir mejor y de manera más fraterna. Por eso, cuando alguien renuncia poco a poco a la fraternidad y se va encerrando en sus propias riquezas e intereses, sin resolver el problema del amor, termina fracasando como hombre.

    Aunque viva observando fielmente unas normas de conducta religiosa, al encontrarse con el evangelio descubrirá que en su vida no hay verdadera alegría, y se alejará del mensaje de Jesús con la misma tristeza que aquel hombre que «se marchó triste porque era muy rico».

    Con frecuencia, los cristianos nos instalamos cómodamente en nuestra religión, sin reaccionar ante la llamada del evangelio y sin buscar ningún cambio decisivo en nuestra vida. Hemos «rebajado» el evangelio acomodándolo a nuestros intereses. Pero ya esa religión no puede ser fuente de alegría. Nos deja tristes y sin consuelo verdadero.

    Ante el evangelio nos hemos de preguntar sinceramente si nuestra manera de ganar y de gastar el dinero es la propia de quien sabe compartir o la de quien busca solo acumular. Si no sabemos dar de lo nuestro al necesitado, algo esencial nos falta para vivir con alegría cristiana.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola.[/align]

    UNA COSA NOS FALTA

    [align=justify]El episodio está narrado con intensidad especial. Jesús se pone en camino hacia Jerusalén, pero antes de que se aleje de aquel lugar, llega «corriendo» un desconocido que «cae de rodillas» ante él para retenerlo. Necesita urgentemente a Jesús.

    No es un enfermo que pide curación. No es un leproso que, desde el suelo, implora compasión. Su petición es de otro orden. Lo que él busca en aquel maestro bueno es luz para orientar su vida: «¿Qué haré para heredar la vida eterna?». No es una cuestión teórica, sino existencial. No habla en general; quiere saber qué ha de hacer él personalmente.

    Antes que nada, Jesús le recuerda que «no hay nadie bueno más que Dios». Antes de plantearnos qué hay que «hacer», hemos de saber que vivimos ante un Dios Bueno como nadie: en su bondad insondable hemos de apoyar nuestra vida.

    Luego, le recuerda «los mandamientos» de ese Dios Bueno. Según la tradición bíblica, ése es el camino para la vida eterna.

    La respuesta del hombre es admirable. Todo eso lo ha cumplido desde pequeño, pero siente dentro de sí una aspiración más honda. Está buscando algo más. «Jesús se le queda mirando con cariño». Su mirada está ya expresando la relación personal e intensa que quiere establecer con él.

    Jesús entiende muy bien su insatisfacción: «una cosa te falta». Siguiendo esa lógica de «hacer» lo mandado para «poseer» la vida eterna, aunque viva de manera intachable, no quedará plenamente satisfecho. En el ser humano hay una aspiración más profunda.

    Por eso, Jesús le invita a orientar su vida desde una lógica nueva. Lo primero es no vivir agarrado a sus posesiones, «vende lo que tienes». Lo segundo, ayudar a los pobres, «dales tu dinero». Por último, «ven y sígueme». Los dos podrán recorrer juntos el camino hacia el reino de Dios (!).

    El hombre se levanta y se aleja de Jesús. Olvida su mirada cariñosa y se va triste. Sabe que nunca podrá conocer la alegría y la libertad de quienes siguen a Jesús. Marcos nos explica que «era muy rico».

    ¿No es ésta nuestra experiencia de cristianos satisfechos de los países ricos? ¿No vivimos atrapados por el bienestar material? ¿No le falta a nuestra religión el amor práctico a los pobres? ¿No nos falta la alegría y libertad de los seguidores de Jesús?

    En teoría, todos damos mucha importancia a los valores del espíritu, se nos llena la boca hablando de justicia, libertad, solidaridad, pero si somos honestos, hemos de confesar que lo verdaderamente importante, muchas veces, es el dinero, nuestro pequeño bienestar, nuestros intereses. La verdad, a la hora de la verdad, es el dinero el que motiva y mueve, con más fuerza, a muchas personas.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola. [/align]

    También el de Kamiano.

    NADA ES IMPOSIBLE PARA DIOS

    [align=justify]Para Dios nada hay imposible. Su misericordia es tan grande que posibilita lo que en mente humana no nos entra. Jesús, buen conocedor del corazón, indicaba que las riquezas obstruyen el acceso a Dios y al prójimo. Acoger su Palabra es una manera de ir liberándonos del peso del tener y de otros pesos que vamos acumulando a lo largo de la vida. Dios se las ingenia, con el ingenio y la puntería de su amor. Y hace que el camello pase por lugares imposibles, que se reduzca con la suavidad del hilo del amor de Dios. Creamos en la posibilidad de lo imposible. Creamos en Dios y en la conversión de los corazones. Y oremos especialmente por el Sínodo de la Familia que se celebra en Roma.[/align]
    [align=right]Fernando Cordero. [/align]

    Fraternalmente.-

    #18873
    Anónimo
    Inactivo

    Os dejo los comentarios al Evangelio.

    EL CAMBIO FUNDAMENTAL

    [align=justify]El cambio fundamental al que nos llama Jesús es claro. Dejar de ser unos egoístas que ven a los demás en función de sus propios intereses para atrevemos a iniciar una vida más fraterna y solidaria. Por eso, a un hombre rico que observa fielmente todos los preceptos de la ley, pero que vive encerrado en su propia riqueza, le falta algo esencial para ser discípulo suyo: compartir lo que tiene con los necesitados.

    Hay algo muy claro en el evangelio de Jesús. La vida no se nos ha dado para hacer dinero, para tener éxito o para lograr un bienestar personal, sino para hacernos hermanos. Si pudiéramos ver el proyecto de Dios con la transparencia con que lo ve Jesús y comprender con una sola mirada el fondo último de la existencia, nos daríamos cuenta de que lo único importante es crear fraternidad. El amor fraterno que nos lleva a compartir lo nuestro con los necesitados es «la única fuerza de crecimiento», lo único que hace avanzar decisivamente a la humanidad hacia su salvación.

    El hombre más logrado no es, como a veces se piensa, aquel que consigue acumular más cantidad de dinero, sino quien sabe convivir mejor y de manera más fraterna. Por eso, cuando alguien renuncia poco a poco a la fraternidad y se va encerrando en sus propias riquezas e intereses, sin resolver el problema del amor, termina fracasando como hombre.

    Aunque viva observando fielmente unas normas de conducta religiosa, al encontrarse con el evangelio descubrirá que en su vida no hay verdadera alegría, y se alejará del mensaje de Jesús con la misma tristeza que aquel hombre que «se marchó triste porque era muy rico».

    Con frecuencia, los cristianos nos instalamos cómodamente en nuestra religión, sin reaccionar ante la llamada del evangelio y sin buscar ningún cambio decisivo en nuestra vida. Hemos «rebajado» el evangelio acomodándolo a nuestros intereses. Pero ya esa religión no puede ser fuente de alegría. Nos deja tristes y sin consuelo verdadero.

    Ante el evangelio nos hemos de preguntar sinceramente si nuestra manera de ganar y de gastar el dinero es la propia de quien sabe compartir o la de quien busca solo acumular. Si no sabemos dar de lo nuestro al necesitado, algo esencial nos falta para vivir con alegría cristiana.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola.[/align]

    UNA COSA NOS FALTA

    [align=justify]El episodio está narrado con intensidad especial. Jesús se pone en camino hacia Jerusalén, pero antes de que se aleje de aquel lugar, llega «corriendo» un desconocido que «cae de rodillas» ante él para retenerlo. Necesita urgentemente a Jesús.

    No es un enfermo que pide curación. No es un leproso que, desde el suelo, implora compasión. Su petición es de otro orden. Lo que él busca en aquel maestro bueno es luz para orientar su vida: «¿Qué haré para heredar la vida eterna?». No es una cuestión teórica, sino existencial. No habla en general; quiere saber qué ha de hacer él personalmente.

    Antes que nada, Jesús le recuerda que «no hay nadie bueno más que Dios». Antes de plantearnos qué hay que «hacer», hemos de saber que vivimos ante un Dios Bueno como nadie: en su bondad insondable hemos de apoyar nuestra vida.

    Luego, le recuerda «los mandamientos» de ese Dios Bueno. Según la tradición bíblica, ése es el camino para la vida eterna.

    La respuesta del hombre es admirable. Todo eso lo ha cumplido desde pequeño, pero siente dentro de sí una aspiración más honda. Está buscando algo más. «Jesús se le queda mirando con cariño». Su mirada está ya expresando la relación personal e intensa que quiere establecer con él.

    Jesús entiende muy bien su insatisfacción: «una cosa te falta». Siguiendo esa lógica de «hacer» lo mandado para «poseer» la vida eterna, aunque viva de manera intachable, no quedará plenamente satisfecho. En el ser humano hay una aspiración más profunda.

    Por eso, Jesús le invita a orientar su vida desde una lógica nueva. Lo primero es no vivir agarrado a sus posesiones, «vende lo que tienes». Lo segundo, ayudar a los pobres, «dales tu dinero». Por último, «ven y sígueme». Los dos podrán recorrer juntos el camino hacia el reino de Dios (!).

    El hombre se levanta y se aleja de Jesús. Olvida su mirada cariñosa y se va triste. Sabe que nunca podrá conocer la alegría y la libertad de quienes siguen a Jesús. Marcos nos explica que «era muy rico».

    ¿No es ésta nuestra experiencia de cristianos satisfechos de los países ricos? ¿No vivimos atrapados por el bienestar material? ¿No le falta a nuestra religión el amor práctico a los pobres? ¿No nos falta la alegría y libertad de los seguidores de Jesús?

    En teoría, todos damos mucha importancia a los valores del espíritu, se nos llena la boca hablando de justicia, libertad, solidaridad, pero si somos honestos, hemos de confesar que lo verdaderamente importante, muchas veces, es el dinero, nuestro pequeño bienestar, nuestros intereses. La verdad, a la hora de la verdad, es el dinero el que motiva y mueve, con más fuerza, a muchas personas.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola. [/align]

    También el de Kamiano.

    NADA ES IMPOSIBLE PARA DIOS

    [align=justify]Para Dios nada hay imposible. Su misericordia es tan grande que posibilita lo que en mente humana no nos entra. Jesús, buen conocedor del corazón, indicaba que las riquezas obstruyen el acceso a Dios y al prójimo. Acoger su Palabra es una manera de ir liberándonos del peso del tener y de otros pesos que vamos acumulando a lo largo de la vida. Dios se las ingenia, con el ingenio y la puntería de su amor. Y hace que el camello pase por lugares imposibles, que se reduzca con la suavidad del hilo del amor de Dios. Creamos en la posibilidad de lo imposible. Creamos en Dios y en la conversión de los corazones. Y oremos especialmente por el Sínodo de la Familia que se celebra en Roma.[/align]
    [align=right]Fernando Cordero. [/align]

    Fraternalmente.-

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