Inicio › Foros › Formación cofrade › Evangelio Dominical y Festividades › Evangelio del domingo 14/05/2017 Domingo 5º de Pascua
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9 mayo, 2017 a las 18:08 #10098
Anónimo
Inactivo«Yo soy el camino, y la verdad y la vida»Lectura del santo Evangelio según San JuanEn aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿Cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».
Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mi. Si no, creed a las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre».
Palabra del Señor.13 mayo, 2017 a las 10:44 #12892Anónimo
InactivoOs dejo los comentarios al Evangelio del domingo. ¿QUÉ ES EL CRISTIANISMO?[align=justify]Los cristianos de la primera y segunda generación nunca pensaron que con ellos estaba naciendo una religión. De hecho, no sabían con qué nombre designar a aquel movimiento que iba creciendo de manera insospechada. Todavía vivían impactados por el recuerdo de Jesús, al que sentían vivo en medio de ellos.Por eso, los grupos que se reunían en ciudades como Corinto o Éfeso comenzaron a llamarse «iglesias», es decir, comunidades que se van formando convocadas por una misma fe en Jesús.
En otras partes, al cristianismo lo llamaban «el camino». Un escrito redactado hacia el año 80 y que se llama carta a los Hebreos dice que es un «camino nuevo y vivo» para enfrentarse a la vida. El camino «inaugurado» por Jesús y que hay que recorrer «con los ojos fijos en él».
No hay duda alguna. Para estos primeros creyentes, el cristianismo no era propiamente una religión, sino una forma nueva de vivir. Lo primero para ellos no era vivir dentro de una institución religiosa, sino aprender juntos a vivir como Jesús en medio de aquel vasto imperio.
Aquí estaba su fuerza. Esto era lo que podían ofrecer a todos.
En este clima se entienden bien las palabras que el cuarto evangelio pone en labios de Jesús:
«Yo soy el camino, la verdad y la vida».
Este es el punto de arranque del cristianismo. Cristiano es un hombre o una mujer que en Jesús va descubriendo el camino más acertado para vivir, la verdad más segura para orientarse, el secreto más esperanzador de la vida.
Este camino es muy concreto. De poco sirve sentirse conservador o declararse progresista. La opción que hemos de hacer es otra. O nos organizamos la vida a nuestra manera o aprendemos a vivir desde Jesús. Hay que elegir.
Indiferencia hacia los que sufren o compasión bajo todas sus formas.
Solo bienestar para mí y los míos o un mundo más humano para todos.
Intolerancia y exclusión de quienes son diferentes o actitud abierta y acogedora hacia todos.
Olvido de Dios o comunicación confiada en el Padre de todos.
Fatalismo y resignación o esperanza última para la creación entera.
[/align]
[align=right]José Antonio Pagola[/align] Caminos hacia Dios[align=justify]Tú puedes encontrarte con Dios, sentirlo más cerca, vivirle de otra manera. Puedes ir pasando poco a poco de la indiferencia a la confianza, del recelo a la amistad, de la incredulidad a la fe. Te lo digo porqué tú puedes escuchar la invitación de Dios que está ya resonando en tu interior.Dios te puede parecer hoy un desconocido. No puedes entender que haya personas que vivan con alegría su fe. No te cabe en la cabeza que Dios pueda ser para alguien una fuente de alegría y de fuerza para vivir. Pero tu vida puede cambiar.
Dietrich Bonhoeffer, un teólogo alemán ejecutado por los nazis, solía decir que hay personas que viven durante muchos años solo con la mitad de su corazón. También a ti te puede estar pasando algo de esto. No estás viviendo la vida desde lo más hondo de ti. Van pasando los años, pero hay algo que se te está escapando. Tal vez me dirás que hace ya mucho tiempo que has dejado las prácticas religiosas. Vives alejado de la Iglesia, ¿dónde vas a encontrarte con Dios?, ¿qué caminos puedes seguir para buscarlo?, ¿qué novedad puede introducir Dios en tu vida tan alejada de cualquier experiencia religiosa?
Un primer camino que te puede acercar a Dios es la naturaleza. ¿Eres sensible al campo, el mar, los bosques o la montaña?, ¿sabes mirar al cielo, las nubes, las olas o las estrellas? Abre bien tus ojos y tus oídos para contemplar el universo que te rodea. Puede que no te diga nada, pero puede que un día se te presente como un escenario fantástico.
¿No ves cómo se refleja de mil formas la belleza, la fuerza y el misterio de la vida?
Míralo todo desde lo hondo de tu ser. Tú mismo eres una parte minúscula de ese mundo. ¿No escucharás nunca una invitación callada a orientar tu corazón hacia
Aquel que es el origen de la vida y el fundamento de todo lo que es? ¿No percibirás jamás la presencia humilde del Misterio insondable que lo envuelve todo?
Otro camino para elevar tu espíritu hacia Dios puede ser la experiencia estética. El disfrute de la belleza artística puede invitarte hacia la belleza misteriosa de Dios. Vivimos una vida tan agitada y dispersa que vamos perdiendo capacidad para gustar la poesía, la música o el arte. Los caminos pueden ser diversos.
Cuida tu sensibilidad. Conozco a personas en las que la experiencia de la música crea un espacio interior que les invita suavemente a una actitud más confiada y abierta al Misterio de Dios.
Un camino excelente hacia Dios es, sin duda, el encuentro amoroso. ¿Quieres de verdad a alguien?, ¿te sientes querido?, ¿estás enamorado o enamorada? La amistad entrañable, el disfrute íntimo del amor, la confianza compartida, el perdón mutuo, la fiesta, el descanso divertido son experiencias que te pueden hacer saborear la vida de una manera más honda.
Te liberan de la soledad y el aislamiento, te rescatan de tu inseguridad, iluminan la oscuridad que hay en ti, te infunden alegría, ponen color en tu vida. Son experiencias que te están invitando a vislumbrar la ternura amistosa de un Dios que es la fuente última de todo amor. ¿No sabrás presentir nunca en tus encuentros amorosos la plenitud insondable de quien es sólo Amor?
Hay otro camino. Para mí, es el mejor para quienes os habéis alejado de la Iglesia y andáis buscando cómo creer en Dios de otra forma. Es Jesucristo. Estoy convencido de que conocer mejor a Jesús, leer sin prejuicios su evangelio, dejarse ganar por su espíritu y sintonizar con su estilo de vivir puede ser el camino más seguro para descubrir el verdadero rostro de Dios.
Jesús contó un día la parábola de un hijo que abandonó su casa, se alejó de su padre y se echó a perder. Son cosas que hacemos todos: nos olvidamos de Dios, nos alejamos de él y estropeamos nuestra vida de muchas maneras. Aquel hijo un día volvió. Jesús nos cuenta que el padre lo estaba esperando.
Cuando lo vio llegar hambriento y humillado, «se conmovió», perdió el control, echó a correr y lo besó efusivamente. Dios es así.
Un Padre que nos espera con los brazos abiertos. Puedes leer el relato de Jesús en el evangelio de Lucas 15, 11-32. Te hará bien.
[/align] [align=center]«Así dice Dios:Yo me dejo encontrar
por quienes no preguntan
por mí;
me dejo hallar por quienes
no me buscan.
aquí estoy para quienes no invocaban
mi nombre»
Dile: «aquí estoy»
Libro del profeta Isaías 65, 1
[/align]
[align=right]José Antonio Pagola[/align] EL CAMINO[align=justify]Al final de la última cena, los discípulos comienzan a intuir que Jesús ya no estará mucho tiempo con ellos. La salida precipitada de Judas, el anuncio de que Pedro le negará muy pronto, las palabras de Jesús hablando de su próxima partida, han dejado a todos desconcertados y abatidos. ¿Qué va a ser de ellos?Jesús capta su tristeza y su turbación. Su corazón se conmueve. Olvidándose de sí mismo y de lo que le espera, Jesús trata de animarlos: «No os inquietéis. Confiad en Dios y confiad también en mí». Más tarde, en el curso de la conversación, Jesús les hace esta confesión: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar hasta el Padre sino por mí». No lo hemos de olvidar nunca.
«Yo soy el camino»El problema de muchos no es que vivan extraviados o descaminados. Sencillamente viven sin camino, perdidos en una especie de laberinto: andando y desandando los mil caminos que, desde fuera, les van indicando las consignas y modas del momento.
¿Y qué puede hacer un hombre o una mujer cuando se encuentra sin camino? ¿A quién se puede dirigir? ¿Adónde puede acudir? El que camina tras los pasos de Jesús podrá seguir encontrándose con problemas y dificultades, pero está en el camino acertado que conduce al Padre. Esta es la promesa de Jesús.
«Yo soy la verdad»Estas palabras encierran una invitación escandalosa a los oídos modernos. Y, sin embargo, también hoy hemos de escuchar a Jesús. No todo se reduce a la razón. El desarrollo de la ciencia no contiene toda la verdad. El misterio último de la realidad no se deja atrapar por los análisis más sofisticados. El ser humano ha de vivir ante el misterio último de su existencia.
Jesús se presenta como camino que conduce y acerca a ese Misterio último. Dios no se impone. No fuerza a nadie con pruebas ni evidencias. El Misterio último es silencio y atracción respetuosa. Jesús es el camino que nos puede conducir a confiar en su bondad.
«Yo soy la vida»Jesús puede ir transformando nuestra vida. No como el maestro lejano que ha dejado un legado de sabiduría admirable a la humanidad, sino como alguien vivo que, desde lo más profundo de nuestro ser, infunde en nosotros un germen de vida nueva.
Esta acción de Jesús en nosotros se produce casi siempre de forma discreta y callada. El mismo creyente solo intuye una presencia imperceptible. A veces, sin embargo, nos invade la certeza, la alegría incontenible, la confianza total: Dios existe, nos ama, todo es posible, incluso la vida eterna. Nunca entenderemos la fe cristiana si no acogemos a Jesús como el camino, la verdad y la vida.
[/align]
[align=right]José Antonio Pagola[/align] También el de Kamiano.
DIOS EN MI Y YO EN VOSOTROS[align=justify]La bonita relación entre el Padre y el Hijo, de confianza, amor, donación nos llega a nosotros, al mundo, aunque a veces nos de por darles la espalda y vivir como si Dios no tuviera que ver nada con nuestras opciones y dinamismos.Pero lo cierto es que el Amor del Padre es tan grande que nos envía al Hijo para enseñarnos a amar. En un mundo, a veces un tanto infantil, egoísta y caprichoso, cuesta que nuestro amigo Jesús se convierta en modelo y genere dinamismo de donación. Pero Él siempre está a nuestro lado, revolotea el Espíritu que nos hace entrar en su Corazón.
Amigos, buena reflexión para hacerla vida, vivir en confianza y lanzarnos a la utopía de Jesús. Ojalá, como Charles de Foucauld podamos decir: “Padre, me pongo en tus manos…”.
[/align]
[align=right]Dibujo: Patxi Velasco FANOTexto: Fernando Cordero ss.cc.
[/align] Fraternalmente.
13 mayo, 2017 a las 10:44 #18945Anónimo
InactivoOs dejo los comentarios al Evangelio del domingo. ¿QUÉ ES EL CRISTIANISMO?[align=justify]Los cristianos de la primera y segunda generación nunca pensaron que con ellos estaba naciendo una religión. De hecho, no sabían con qué nombre designar a aquel movimiento que iba creciendo de manera insospechada. Todavía vivían impactados por el recuerdo de Jesús, al que sentían vivo en medio de ellos.Por eso, los grupos que se reunían en ciudades como Corinto o Éfeso comenzaron a llamarse «iglesias», es decir, comunidades que se van formando convocadas por una misma fe en Jesús.
En otras partes, al cristianismo lo llamaban «el camino». Un escrito redactado hacia el año 80 y que se llama carta a los Hebreos dice que es un «camino nuevo y vivo» para enfrentarse a la vida. El camino «inaugurado» por Jesús y que hay que recorrer «con los ojos fijos en él».
No hay duda alguna. Para estos primeros creyentes, el cristianismo no era propiamente una religión, sino una forma nueva de vivir. Lo primero para ellos no era vivir dentro de una institución religiosa, sino aprender juntos a vivir como Jesús en medio de aquel vasto imperio.
Aquí estaba su fuerza. Esto era lo que podían ofrecer a todos.
En este clima se entienden bien las palabras que el cuarto evangelio pone en labios de Jesús:
«Yo soy el camino, la verdad y la vida».
Este es el punto de arranque del cristianismo. Cristiano es un hombre o una mujer que en Jesús va descubriendo el camino más acertado para vivir, la verdad más segura para orientarse, el secreto más esperanzador de la vida.
Este camino es muy concreto. De poco sirve sentirse conservador o declararse progresista. La opción que hemos de hacer es otra. O nos organizamos la vida a nuestra manera o aprendemos a vivir desde Jesús. Hay que elegir.
Indiferencia hacia los que sufren o compasión bajo todas sus formas.
Solo bienestar para mí y los míos o un mundo más humano para todos.
Intolerancia y exclusión de quienes son diferentes o actitud abierta y acogedora hacia todos.
Olvido de Dios o comunicación confiada en el Padre de todos.
Fatalismo y resignación o esperanza última para la creación entera.
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[align=right]José Antonio Pagola[/align] Caminos hacia Dios[align=justify]Tú puedes encontrarte con Dios, sentirlo más cerca, vivirle de otra manera. Puedes ir pasando poco a poco de la indiferencia a la confianza, del recelo a la amistad, de la incredulidad a la fe. Te lo digo porqué tú puedes escuchar la invitación de Dios que está ya resonando en tu interior.Dios te puede parecer hoy un desconocido. No puedes entender que haya personas que vivan con alegría su fe. No te cabe en la cabeza que Dios pueda ser para alguien una fuente de alegría y de fuerza para vivir. Pero tu vida puede cambiar.
Dietrich Bonhoeffer, un teólogo alemán ejecutado por los nazis, solía decir que hay personas que viven durante muchos años solo con la mitad de su corazón. También a ti te puede estar pasando algo de esto. No estás viviendo la vida desde lo más hondo de ti. Van pasando los años, pero hay algo que se te está escapando. Tal vez me dirás que hace ya mucho tiempo que has dejado las prácticas religiosas. Vives alejado de la Iglesia, ¿dónde vas a encontrarte con Dios?, ¿qué caminos puedes seguir para buscarlo?, ¿qué novedad puede introducir Dios en tu vida tan alejada de cualquier experiencia religiosa?
Un primer camino que te puede acercar a Dios es la naturaleza. ¿Eres sensible al campo, el mar, los bosques o la montaña?, ¿sabes mirar al cielo, las nubes, las olas o las estrellas? Abre bien tus ojos y tus oídos para contemplar el universo que te rodea. Puede que no te diga nada, pero puede que un día se te presente como un escenario fantástico.
¿No ves cómo se refleja de mil formas la belleza, la fuerza y el misterio de la vida?
Míralo todo desde lo hondo de tu ser. Tú mismo eres una parte minúscula de ese mundo. ¿No escucharás nunca una invitación callada a orientar tu corazón hacia
Aquel que es el origen de la vida y el fundamento de todo lo que es? ¿No percibirás jamás la presencia humilde del Misterio insondable que lo envuelve todo?
Otro camino para elevar tu espíritu hacia Dios puede ser la experiencia estética. El disfrute de la belleza artística puede invitarte hacia la belleza misteriosa de Dios. Vivimos una vida tan agitada y dispersa que vamos perdiendo capacidad para gustar la poesía, la música o el arte. Los caminos pueden ser diversos.
Cuida tu sensibilidad. Conozco a personas en las que la experiencia de la música crea un espacio interior que les invita suavemente a una actitud más confiada y abierta al Misterio de Dios.
Un camino excelente hacia Dios es, sin duda, el encuentro amoroso. ¿Quieres de verdad a alguien?, ¿te sientes querido?, ¿estás enamorado o enamorada? La amistad entrañable, el disfrute íntimo del amor, la confianza compartida, el perdón mutuo, la fiesta, el descanso divertido son experiencias que te pueden hacer saborear la vida de una manera más honda.
Te liberan de la soledad y el aislamiento, te rescatan de tu inseguridad, iluminan la oscuridad que hay en ti, te infunden alegría, ponen color en tu vida. Son experiencias que te están invitando a vislumbrar la ternura amistosa de un Dios que es la fuente última de todo amor. ¿No sabrás presentir nunca en tus encuentros amorosos la plenitud insondable de quien es sólo Amor?
Hay otro camino. Para mí, es el mejor para quienes os habéis alejado de la Iglesia y andáis buscando cómo creer en Dios de otra forma. Es Jesucristo. Estoy convencido de que conocer mejor a Jesús, leer sin prejuicios su evangelio, dejarse ganar por su espíritu y sintonizar con su estilo de vivir puede ser el camino más seguro para descubrir el verdadero rostro de Dios.
Jesús contó un día la parábola de un hijo que abandonó su casa, se alejó de su padre y se echó a perder. Son cosas que hacemos todos: nos olvidamos de Dios, nos alejamos de él y estropeamos nuestra vida de muchas maneras. Aquel hijo un día volvió. Jesús nos cuenta que el padre lo estaba esperando.
Cuando lo vio llegar hambriento y humillado, «se conmovió», perdió el control, echó a correr y lo besó efusivamente. Dios es así.
Un Padre que nos espera con los brazos abiertos. Puedes leer el relato de Jesús en el evangelio de Lucas 15, 11-32. Te hará bien.
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por quienes no preguntan
por mí;
me dejo hallar por quienes
no me buscan.
aquí estoy para quienes no invocaban
mi nombre»
Dile: «aquí estoy»
Libro del profeta Isaías 65, 1
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[align=right]José Antonio Pagola[/align] EL CAMINO[align=justify]Al final de la última cena, los discípulos comienzan a intuir que Jesús ya no estará mucho tiempo con ellos. La salida precipitada de Judas, el anuncio de que Pedro le negará muy pronto, las palabras de Jesús hablando de su próxima partida, han dejado a todos desconcertados y abatidos. ¿Qué va a ser de ellos?Jesús capta su tristeza y su turbación. Su corazón se conmueve. Olvidándose de sí mismo y de lo que le espera, Jesús trata de animarlos: «No os inquietéis. Confiad en Dios y confiad también en mí». Más tarde, en el curso de la conversación, Jesús les hace esta confesión: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar hasta el Padre sino por mí». No lo hemos de olvidar nunca.
«Yo soy el camino»El problema de muchos no es que vivan extraviados o descaminados. Sencillamente viven sin camino, perdidos en una especie de laberinto: andando y desandando los mil caminos que, desde fuera, les van indicando las consignas y modas del momento.
¿Y qué puede hacer un hombre o una mujer cuando se encuentra sin camino? ¿A quién se puede dirigir? ¿Adónde puede acudir? El que camina tras los pasos de Jesús podrá seguir encontrándose con problemas y dificultades, pero está en el camino acertado que conduce al Padre. Esta es la promesa de Jesús.
«Yo soy la verdad»Estas palabras encierran una invitación escandalosa a los oídos modernos. Y, sin embargo, también hoy hemos de escuchar a Jesús. No todo se reduce a la razón. El desarrollo de la ciencia no contiene toda la verdad. El misterio último de la realidad no se deja atrapar por los análisis más sofisticados. El ser humano ha de vivir ante el misterio último de su existencia.
Jesús se presenta como camino que conduce y acerca a ese Misterio último. Dios no se impone. No fuerza a nadie con pruebas ni evidencias. El Misterio último es silencio y atracción respetuosa. Jesús es el camino que nos puede conducir a confiar en su bondad.
«Yo soy la vida»Jesús puede ir transformando nuestra vida. No como el maestro lejano que ha dejado un legado de sabiduría admirable a la humanidad, sino como alguien vivo que, desde lo más profundo de nuestro ser, infunde en nosotros un germen de vida nueva.
Esta acción de Jesús en nosotros se produce casi siempre de forma discreta y callada. El mismo creyente solo intuye una presencia imperceptible. A veces, sin embargo, nos invade la certeza, la alegría incontenible, la confianza total: Dios existe, nos ama, todo es posible, incluso la vida eterna. Nunca entenderemos la fe cristiana si no acogemos a Jesús como el camino, la verdad y la vida.
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[align=right]José Antonio Pagola[/align] También el de Kamiano.
DIOS EN MI Y YO EN VOSOTROS[align=justify]La bonita relación entre el Padre y el Hijo, de confianza, amor, donación nos llega a nosotros, al mundo, aunque a veces nos de por darles la espalda y vivir como si Dios no tuviera que ver nada con nuestras opciones y dinamismos.Pero lo cierto es que el Amor del Padre es tan grande que nos envía al Hijo para enseñarnos a amar. En un mundo, a veces un tanto infantil, egoísta y caprichoso, cuesta que nuestro amigo Jesús se convierta en modelo y genere dinamismo de donación. Pero Él siempre está a nuestro lado, revolotea el Espíritu que nos hace entrar en su Corazón.
Amigos, buena reflexión para hacerla vida, vivir en confianza y lanzarnos a la utopía de Jesús. Ojalá, como Charles de Foucauld podamos decir: “Padre, me pongo en tus manos…”.
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[align=right]Dibujo: Patxi Velasco FANOTexto: Fernando Cordero ss.cc.
[/align] Fraternalmente.
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