Inicio › Foros › Formación cofrade › Evangelio Dominical y Festividades › Evangelio del domingo 15/06/2014 Festividad Stma. Trinidad
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9 junio, 2014 a las 17:34 #8821
Anónimo
InactivoDios mandó a su Hijo para que el mundo se salve por élLectura del santo evangelio según San JuanTanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
Palabra del Señor.14 junio, 2014 a las 7:47 #12765Anónimo
Inactivo[align=justify]Os dejo los comentarios al Evangelio del domingo.LA FIESTA DE DIOS¿Cómo se comunicaba Jesús con Dios?, ¿qué sentimientos despertaba en su corazón?, ¿cómo le experimentaba día a día? Una cuidadosa investigación lleva a una doble conclusión: Jesús le sentía a Dios como Padre, y lo vivía todo impulsado por su Espíritu.
Jesús se sentía «hijo querido» de Dios. Siempre que se comunica con él, lo llama Padre. No le sale otra palabra. Para él, Dios no es el «Santo» del que hablan todos, sino el «Compasivo». No habita en el Templo acogiendo sólo a los de corazón limpio y manos inocentes. Jesús lo ve llenando la creación entera, sin excluir a nadie de su amor compasivo. Cada mañana disfruta porque Dios hace salir su sol sobre buenos y malos.
Ese Padre tiene un gran proyecto en su corazón: hacer de la tierra una casa habitable. Jesús no duda. Dios no descansará hasta ver a sus hijos e hijas disfrutando juntos de una fiesta final. Nadie lo podrá impedir: ni la crueldad de la muerte ni la injusticia de los hombres. Como nadie puede impedir que llegue la primavera y lo llene todo de vida.
Jesús vive lleno de Dios, y movido por su Espíritu, sólo se dedica a una cosa: hacer un mundo más humano para todos. Todos han de conocer la Buena Noticia, sobre todo los que menos se lo esperan: los pecadores y los despreciados. Dios no da a nadie por perdido. A todos busca, a todos llama. No vive controlando a sus hijos, sino abriendo a cada uno caminos hacia una vida más humana. Quien escucha hasta el fondo su propio corazón, le está escuchando a él.
Ese Espíritu le empuja a Jesús hacia los que más sufren. Es normal, pues ve grabados en el corazón de Dios los nombres de los más solos y desgraciados. Los que para nosotros no son nadie, ésos son precisamente los predilectos de Dios. Jesús sabía que a ese Dios no le entienden los grandes sino los pequeños. Su amor lo descubren quienes le buscan porque no tienen a nadie que enjugue sus lágrimas.
La mejor manera de creer en el Dios trinitario no es tratar de entender las explicaciones de los teólogos, sino seguir los pasos de Jesús que vivió como Hijo querido de un Dios Padre y que, movido por su Espíritu, se dedicó a hacer un mundo más amable para todos. Es bueno recordarlo hoy que celebramos la fiesta de Dios.
DIOS AMA ESTE MUNDOJesús puede ser considerado desde perspectivas diversas. Puede ser visto como problema histórico, gran líder religioso, un dogma, el inspirador de un camino liberador… El evangelista Juan nos invita a acogerlo como el «mejor regalo» que Dios ha hecho al mundo.
Jesús está hablando con un maestro judío, llamado Nicodemo. No conversan sobre los problemas conflictivos de la Ley judía. Jesús centra la atención en temas de los que apenas se habla en Israel: cómo «renacer» a una vida nueva, qué camino seguir para «tener vida eterna»…
De pronto Jesús pronuncia unas palabras que trascienden cualquier conversación humana, y resumen de manera grandiosa todo el misterio que se encierra en él: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna».
¿Qué podemos sentir, al escuchar estas palabras, los hombres y mujeres de hoy, atraídos por todo bienestar inmediato y tan escépticos ante promesas lejanas de vida eterna? ¿Qué nos puede decir el amor de Dios en una sociedad llena de intereses, objetivos y luchas tan contrarios al amor?
Las palabras de Jesús destacan lo inmenso y universal del amor de Dios. No podía ser de otra manera. Dios ha amado al «mundo», no sólo a Israel, a la Iglesia, a los cristianos… Ha enviado a su Hijo, no para «condenar», sino para «salvar», no para destruir, sino para dar vida eterna. Lo sepa o no, el mundo existe, evoluciona y progresa bajo la mirada amorosa de Dios.
Para saber algo de ese Misterio de Amor que sostiene el mundo, el mejor camino es el mismo Jesús. Acercándonos al Hijo, podemos ver, palpar e intuir cómo es el Padre con todos sus hijos. Viéndolo actuar, podemos captar cómo es el Espíritu que anima a Dios.
Todos los gestos, símbolos, palabras, doctrinas, objetivos y estrategias del cristianismo han de nacer, alimentarse y reflejar ese misterio del Amor de Dios al mundo entero. Si no es así, la religión se encierra en sí misma; los signos se «sacralizan»; el anuncio cristiano pierde en buena parte su significado más auténtico; pueden incluso inventarse prácticas, costumbres y estilos de vivir alejados de la verdad cristiana original.
CONFIAR EN DIOSEl esfuerzo realizado por los teólogos a lo largo de los siglos para exponer con conceptos humanos el misterio de la Trinidad apenas ayuda hoy a los cristianos a reavivar su confianza en Dios Padre, a reafirmar su adhesión a Jesús, el Hijo encarnado de Dios, y a acoger con fe viva la presencia del Espíritu de Dios en nosotros.
Por eso puede ser bueno hacer un esfuerzo por acercarnos al misterio de Dios con palabras sencillas y corazón humilde siguiendo de cerca el mensaje, los gestos y la vida entera de Jesús: misterio del Hijo de Dios encarnado.
El misterio del Padre es amor entrañable y perdón continuo. Nadie está excluido de su amor, a nadie le niega su perdón. El Padre nos ama y nos busca a cada uno de sus hijos e hijas por caminos que sólo él conoce. Mira a todo ser humano con ternura infinita y profunda compasión. Por eso, Jesús lo invoca siempre con una palabra: “Padre”.
Nuestra primera actitud ante ese Padre ha de ser la confianza. El misterio último de la realidad, que los creyentes llamamos “Dios”, no nos ha de causar nunca miedo o angustia: Dios solo puede amarnos. Él entiende nuestra fe pequeña y vacilante. No hemos de sentirnos tristes por nuestra vida, casi siempre tan mediocre, ni desalentarnos al descubrir que hemos vivido durante años alejados de ese Padre. Podemos abandonarnos a él con sencillez. Nuestra poca fe basta.
También Jesús nos invita a la confianza. Estas son sus palabras: “No viváis con el corazón turbado. Creéis en Dios. Creed también en mí”. Jesús es el vivo retrato del Padre. En sus palabras estamos escuchando lo que nos dice el Padre. En sus gestos y su modo de actuar, entregado totalmente a hacer la vida más humana, se nos descubre cómo nos quiere Dios.
Por eso, en Jesús podemos encontrarnos en cualquier situación con un Dios concreto, amigo y cercano. Él pone paz en nuestra vida. Nos hace pasar del miedo a la confianza, del recelo a la fe sencilla en el misterio último de la vida que es solo Amor.
Acoger el Espíritu que alienta al Padre y a su Hijo Jesús, es acoger dentro de nosotros la presencia invisible, callada, pero real del misterio de Dios. Cuando nos hacemos conscientes de esta presencia contÍnua, comienza a despertarse en nosotros una confianza nueva en Dios.
Nuestra vida es frágil, llena de contradicciones e incertidumbre: creyentes y no creyentes, vivimos rodeados de misterio. Pero la presencia, también misteriosa del Espíritu en nosotros, aunque débil, es suficiente para sostener nuestra confianza en el Misterio último de la vida que es solo Amor.
También el de Kamiano.
LA TRINIDAD SALVAVIDAS.Nuevamente, Patxi nos ofrece otro de sus geniales dibujos. Genial por su manera de enfocar un misterio tan profundo y a veces difícilmente explicable.
Me gusta mucho esta interpretación de la Trinidad y su relación con el mundo. Si hoy hablamos de que Dios nos “salva”, nos encontramos con que eso de la “salvación” puede quedar lejano, sin mucha repercusión en el día a día de los ajetreados creyentes o no creyentes. Pero esta manera de “rescatarnos” de Dios, tan evangélica, desde su misericordia me parece perfecta para sintonizar con la gente de hoy.
Dios Padre ama tanto al mundo que le envía a su Hijo. El mundo está mal, se ahoga. El silbido de Dios activa el rescate, la salvación a través de Jesús. El Espíritu, fuego y brisa, impulsa la acción del propio Cristo.
Sin duda, una manera muy bonita de dar a conocer la Trinidad. Y un reto para nosotros, que tendríamos que actuar como ese Padre atento, ese Hijo rescatador y esa fuerza que impulsa su Amor en el Espíritu.
Fraternalmente.-
[/align] 14 junio, 2014 a las 7:47 #18818Anónimo
Inactivo[align=justify]Os dejo los comentarios al Evangelio del domingo.LA FIESTA DE DIOS¿Cómo se comunicaba Jesús con Dios?, ¿qué sentimientos despertaba en su corazón?, ¿cómo le experimentaba día a día? Una cuidadosa investigación lleva a una doble conclusión: Jesús le sentía a Dios como Padre, y lo vivía todo impulsado por su Espíritu.
Jesús se sentía «hijo querido» de Dios. Siempre que se comunica con él, lo llama Padre. No le sale otra palabra. Para él, Dios no es el «Santo» del que hablan todos, sino el «Compasivo». No habita en el Templo acogiendo sólo a los de corazón limpio y manos inocentes. Jesús lo ve llenando la creación entera, sin excluir a nadie de su amor compasivo. Cada mañana disfruta porque Dios hace salir su sol sobre buenos y malos.
Ese Padre tiene un gran proyecto en su corazón: hacer de la tierra una casa habitable. Jesús no duda. Dios no descansará hasta ver a sus hijos e hijas disfrutando juntos de una fiesta final. Nadie lo podrá impedir: ni la crueldad de la muerte ni la injusticia de los hombres. Como nadie puede impedir que llegue la primavera y lo llene todo de vida.
Jesús vive lleno de Dios, y movido por su Espíritu, sólo se dedica a una cosa: hacer un mundo más humano para todos. Todos han de conocer la Buena Noticia, sobre todo los que menos se lo esperan: los pecadores y los despreciados. Dios no da a nadie por perdido. A todos busca, a todos llama. No vive controlando a sus hijos, sino abriendo a cada uno caminos hacia una vida más humana. Quien escucha hasta el fondo su propio corazón, le está escuchando a él.
Ese Espíritu le empuja a Jesús hacia los que más sufren. Es normal, pues ve grabados en el corazón de Dios los nombres de los más solos y desgraciados. Los que para nosotros no son nadie, ésos son precisamente los predilectos de Dios. Jesús sabía que a ese Dios no le entienden los grandes sino los pequeños. Su amor lo descubren quienes le buscan porque no tienen a nadie que enjugue sus lágrimas.
La mejor manera de creer en el Dios trinitario no es tratar de entender las explicaciones de los teólogos, sino seguir los pasos de Jesús que vivió como Hijo querido de un Dios Padre y que, movido por su Espíritu, se dedicó a hacer un mundo más amable para todos. Es bueno recordarlo hoy que celebramos la fiesta de Dios.
DIOS AMA ESTE MUNDOJesús puede ser considerado desde perspectivas diversas. Puede ser visto como problema histórico, gran líder religioso, un dogma, el inspirador de un camino liberador… El evangelista Juan nos invita a acogerlo como el «mejor regalo» que Dios ha hecho al mundo.
Jesús está hablando con un maestro judío, llamado Nicodemo. No conversan sobre los problemas conflictivos de la Ley judía. Jesús centra la atención en temas de los que apenas se habla en Israel: cómo «renacer» a una vida nueva, qué camino seguir para «tener vida eterna»…
De pronto Jesús pronuncia unas palabras que trascienden cualquier conversación humana, y resumen de manera grandiosa todo el misterio que se encierra en él: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna».
¿Qué podemos sentir, al escuchar estas palabras, los hombres y mujeres de hoy, atraídos por todo bienestar inmediato y tan escépticos ante promesas lejanas de vida eterna? ¿Qué nos puede decir el amor de Dios en una sociedad llena de intereses, objetivos y luchas tan contrarios al amor?
Las palabras de Jesús destacan lo inmenso y universal del amor de Dios. No podía ser de otra manera. Dios ha amado al «mundo», no sólo a Israel, a la Iglesia, a los cristianos… Ha enviado a su Hijo, no para «condenar», sino para «salvar», no para destruir, sino para dar vida eterna. Lo sepa o no, el mundo existe, evoluciona y progresa bajo la mirada amorosa de Dios.
Para saber algo de ese Misterio de Amor que sostiene el mundo, el mejor camino es el mismo Jesús. Acercándonos al Hijo, podemos ver, palpar e intuir cómo es el Padre con todos sus hijos. Viéndolo actuar, podemos captar cómo es el Espíritu que anima a Dios.
Todos los gestos, símbolos, palabras, doctrinas, objetivos y estrategias del cristianismo han de nacer, alimentarse y reflejar ese misterio del Amor de Dios al mundo entero. Si no es así, la religión se encierra en sí misma; los signos se «sacralizan»; el anuncio cristiano pierde en buena parte su significado más auténtico; pueden incluso inventarse prácticas, costumbres y estilos de vivir alejados de la verdad cristiana original.
CONFIAR EN DIOSEl esfuerzo realizado por los teólogos a lo largo de los siglos para exponer con conceptos humanos el misterio de la Trinidad apenas ayuda hoy a los cristianos a reavivar su confianza en Dios Padre, a reafirmar su adhesión a Jesús, el Hijo encarnado de Dios, y a acoger con fe viva la presencia del Espíritu de Dios en nosotros.
Por eso puede ser bueno hacer un esfuerzo por acercarnos al misterio de Dios con palabras sencillas y corazón humilde siguiendo de cerca el mensaje, los gestos y la vida entera de Jesús: misterio del Hijo de Dios encarnado.
El misterio del Padre es amor entrañable y perdón continuo. Nadie está excluido de su amor, a nadie le niega su perdón. El Padre nos ama y nos busca a cada uno de sus hijos e hijas por caminos que sólo él conoce. Mira a todo ser humano con ternura infinita y profunda compasión. Por eso, Jesús lo invoca siempre con una palabra: “Padre”.
Nuestra primera actitud ante ese Padre ha de ser la confianza. El misterio último de la realidad, que los creyentes llamamos “Dios”, no nos ha de causar nunca miedo o angustia: Dios solo puede amarnos. Él entiende nuestra fe pequeña y vacilante. No hemos de sentirnos tristes por nuestra vida, casi siempre tan mediocre, ni desalentarnos al descubrir que hemos vivido durante años alejados de ese Padre. Podemos abandonarnos a él con sencillez. Nuestra poca fe basta.
También Jesús nos invita a la confianza. Estas son sus palabras: “No viváis con el corazón turbado. Creéis en Dios. Creed también en mí”. Jesús es el vivo retrato del Padre. En sus palabras estamos escuchando lo que nos dice el Padre. En sus gestos y su modo de actuar, entregado totalmente a hacer la vida más humana, se nos descubre cómo nos quiere Dios.
Por eso, en Jesús podemos encontrarnos en cualquier situación con un Dios concreto, amigo y cercano. Él pone paz en nuestra vida. Nos hace pasar del miedo a la confianza, del recelo a la fe sencilla en el misterio último de la vida que es solo Amor.
Acoger el Espíritu que alienta al Padre y a su Hijo Jesús, es acoger dentro de nosotros la presencia invisible, callada, pero real del misterio de Dios. Cuando nos hacemos conscientes de esta presencia contÍnua, comienza a despertarse en nosotros una confianza nueva en Dios.
Nuestra vida es frágil, llena de contradicciones e incertidumbre: creyentes y no creyentes, vivimos rodeados de misterio. Pero la presencia, también misteriosa del Espíritu en nosotros, aunque débil, es suficiente para sostener nuestra confianza en el Misterio último de la vida que es solo Amor.
También el de Kamiano.
LA TRINIDAD SALVAVIDAS.Nuevamente, Patxi nos ofrece otro de sus geniales dibujos. Genial por su manera de enfocar un misterio tan profundo y a veces difícilmente explicable.
Me gusta mucho esta interpretación de la Trinidad y su relación con el mundo. Si hoy hablamos de que Dios nos “salva”, nos encontramos con que eso de la “salvación” puede quedar lejano, sin mucha repercusión en el día a día de los ajetreados creyentes o no creyentes. Pero esta manera de “rescatarnos” de Dios, tan evangélica, desde su misericordia me parece perfecta para sintonizar con la gente de hoy.
Dios Padre ama tanto al mundo que le envía a su Hijo. El mundo está mal, se ahoga. El silbido de Dios activa el rescate, la salvación a través de Jesús. El Espíritu, fuego y brisa, impulsa la acción del propio Cristo.
Sin duda, una manera muy bonita de dar a conocer la Trinidad. Y un reto para nosotros, que tendríamos que actuar como ese Padre atento, ese Hijo rescatador y esa fuerza que impulsa su Amor en el Espíritu.
Fraternalmente.-
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