Inicio Foros Formación cofrade Evangelio Dominical y Festividades Evangelio del domingo 25/10/2015 30º de Tiempo Ordinario

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  • #9418
    Anónimo
    Inactivo

    Maestro, haz que pueda ver

    Lectura del santo evangelio según San Marcos

    En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: – «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.»

    Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: – «Hijo de David, ten compasión de mí.»

    Jesús se detuvo y dijo: – «Llamadlo.»

    Llamaron al ciego, diciéndole: – «Ánimo, levántate, que te llama.»

    Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: – «¿Qué quieres que haga por ti?»

    El ciego le contestó: – «Maestro, que pueda ver.»

    Jesús le dijo: – «Anda, tu fe te ha curado.»

    Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

    Palabra del Señor.

    #12823
    Anónimo
    Inactivo

    Os dejo los comentarios al Evangelio.

    SENTIRSE DE NUEVO VIVOS

    Dio un salto y se acercó a Jesús.

    [align=justify]Tener vida no significa necesariamente vivir. Para vivir es necesario amar la vida, liberarse día a día de la apatía, no hundirse en el sinsentido, no dejarse arrastrar por fuerzas negativas y destructoras.

    Los hombres somos seres inacabados, llamados a renovarnos y crecer constantemente. Por eso, nuestra vida comienza a echarse a perder en el momento en que nos detenemos pensando que todo ha terminado para nosotros.

    Hace unos años, el filósofo Roger Garaudy escribía que lo más terrible que le puede suceder a una persona es “sentirse acabada”.

    La civilización moderna nos abruma hoy con toda clase de recetas y técnicas para vivir mejor, estar siempre en forma y lograr un bienestar más seguro. Pero todos sabemos por experiencia que la vida no es algo que nos viene desde fuera. Cada uno hemos de descubrirla y alimentarla en lo más hondo de nosotros mismos.

    Tal vez, lo primero es cuidar dentro de nosotros el deseo de vivir. Es una equivocación pensar que todo se ha acabado y es inútil seguir luchando. Para cada uno de nosotros, la vida sólo termina en el momento en que decidimos dejar de vivir.

    Otra equivocación es replegarse sobre uno mismo y encerrarse en los propios problemas. Sólo vive intensamente el que sabe interesarse por la vida de los demás. Quien se parapeta detrás de su egoísmo y permanece indiferente ante todo lo que no sean sus cosas, corre el riesgo de matar la vida. El amor renueva a las personas, el egoísmo las seca. Quien sabe acercarse a los demás para escuchar lo que viven y compartir con ellos su propia experiencia, recupera de nuevo la vida.

    Es también importante “vivir hasta el fondo”, no quedarnos en la corteza, reafirmar nuestras convicciones más profundas. Hay momentos en que, para sentirnos de nuevo vivos, es necesario despertar nuestra fe en Dios, descubrir de nuevo nuestra alma, recuperar la oración.

    El evangelista Marcos, al relatarnos la sanación de Bartimeo, lo describe con tres rasgos que caracterizan bien al “hombre acabado”. Bartimeo es un hombre “ciego” al que le falta luz y orientación. Está “sentado”, incapaz ya de dar más pasos. Se encuentra “al borde del camino”, descaminado, sin una trayectoria en la vida.

    El relato nos dirá que dentro de este hombre hay todavía una fe que le hace reaccionar. Bartimeo percibe que Cristo no está lejos y entonces pide a gritos su ayuda. Escucha su llamada, se pone en sus manos y le invoca confiado “Señor, que vea”.

    A nadie se le puede convencer desde fuera para que crea. Para descubrir la verdad de la religión, cada uno tiene que experimentar que Cristo hace bien y que la fe ayuda a vivir de una manera más gozosa, más intensa y más joven. Dichosos los que creen, no porque un día fueron bautizados, sino porque han descubierto por experiencia que la fe hace vivir.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola. [/align]

    CURARNOS DE LA CEGUERA

    ¿[align=justify]Qué podemos hacer cuando la fe se va apagando en nuestro corazón? ¿Es posible reaccionar? ¿Podemos salir de la indiferencia? Marcos narra la curación del ciego Bartimeo para animar a sus lectores a vivir un proceso que pueda cambiar sus vidas.

    No es difícil reconocernos en la figura de Bartimeo. Vivimos a veces como «ciegos», sin ojos para mirar la vida como la miraba Jesús. «Sentados», instalados en una religión convencional, sin fuerza para seguir sus pasos. Descaminados, «al borde del camino» que lleva Jesús, sin tenerle como guía de nuestras comunidades cristianas.

    ¿Qué podemos hacer? A pesar de su ceguera, Bartimeo «se entera» de que, por su vida, está pasando Jesús. No puede dejar escapar la ocasión y comienza a gritar una y otra vez: «ten compasión de mí». Esto es siempre lo primero: abrirse a cualquier llamada o experiencia que nos invita a curar nuestra vida.

    El ciego no sabe recitar oraciones hechas por otros. Sólo sabe gritar y pedir compasión porque se siente mal. Este grito humilde y sincero, repetido desde el fondo del corazón, puede ser para nosotros el comienzo de una vida nueva. Jesús no pasará de largo.

    El ciego sigue en el suelo, lejos de Jesús, pero escucha atentamente lo que le dicen sus enviados: «¡Ánimo! Levántate. Te está llamando». Primero, se deja animar abriendo un pequeño resquicio a la esperanza. Luego, escucha la llamada a levantarse y reaccionar. Por último, ya no se siente solo: Jesús lo está llamando. Esto lo cambia todo.

    Bartimeo da tres pasos que van a cambiar su vida. «Arroja el manto» porque le estorba para encontrarse con Jesús. Luego, aunque todavía se mueve entre tinieblas, «da un salto» decidido. De esta manera «se acerca» a Jesús. Es lo que necesitamos muchos de nosotros: liberarnos de ataduras que ahogan nuestra fe; tomar, por fin, una decisión sin dejarla para más tarde; y ponernos ante Jesús con confianza sencilla y nueva.

    Cuando Jesús le pregunta qué quiere de él, el ciego no duda. Sabe muy bien lo que necesita: «Maestro, que pueda ver». Es lo más importante. Cuando uno comienza a ver las cosas de manera nueva, su vida se transforma. Cuando una comunidad recibe luz de Jesús, se convierte.

    Nos molestan los gritos de los que viven mal. Nos puede irritar encontrarnos continuamente en las páginas del evangelio con la llamada persistente de Jesús. Pero no nos está permitido «tachar» su mensaje. No hay cristianismo de Jesús sin escuchar a los que sufren. Están en nuestro camino. Los podemos encontrar en cualquier momento. Muy cerca de nosotros o más lejos. Piden ayuda y compasión. ¿Les contestamos con las palabras de Jesús: “Qué quieres que haga por ti”?[/align]

    [align=right]José Antonio Pagola.[/align]

    También el de Kamiano.

    SACAME DE LA OSCURIDAD

    [align=justify]Jesús recobró a Bartimeo para el camino del Reino. La meta del ciego no era caer por tantos precipicios escarpados que, con frecuencia, víctima de la oscuridad podía tener casi asegurados. Bartimeo está reservado para alcanzar el amor del Padre, gracias a la ayuda del Hijo y a la guía del Espíritu Santo. Jesús volverá a enseñar a Bartimeo el camino. En la mejor compañía retoma la ruta de la existencia con más alegría y con la claridad del Corazón de Jesús, que transparenta ternura y misericordia. Ojalá tengamos la humildad de presentarle nuestras cegueras a Jesús, para que Él las sane y nos haga, de verdad, seguidores, bienaventurados de su Luz.[/align]

    [align=right]Texto: Fernando Cordero, ss.cc.[/align]
    [align=right]Dibujo: Patxi Velasco FANO.- [/align]

    Fraternalmente.-

    #18876
    Anónimo
    Inactivo

    Os dejo los comentarios al Evangelio.

    SENTIRSE DE NUEVO VIVOS

    Dio un salto y se acercó a Jesús.

    [align=justify]Tener vida no significa necesariamente vivir. Para vivir es necesario amar la vida, liberarse día a día de la apatía, no hundirse en el sinsentido, no dejarse arrastrar por fuerzas negativas y destructoras.

    Los hombres somos seres inacabados, llamados a renovarnos y crecer constantemente. Por eso, nuestra vida comienza a echarse a perder en el momento en que nos detenemos pensando que todo ha terminado para nosotros.

    Hace unos años, el filósofo Roger Garaudy escribía que lo más terrible que le puede suceder a una persona es “sentirse acabada”.

    La civilización moderna nos abruma hoy con toda clase de recetas y técnicas para vivir mejor, estar siempre en forma y lograr un bienestar más seguro. Pero todos sabemos por experiencia que la vida no es algo que nos viene desde fuera. Cada uno hemos de descubrirla y alimentarla en lo más hondo de nosotros mismos.

    Tal vez, lo primero es cuidar dentro de nosotros el deseo de vivir. Es una equivocación pensar que todo se ha acabado y es inútil seguir luchando. Para cada uno de nosotros, la vida sólo termina en el momento en que decidimos dejar de vivir.

    Otra equivocación es replegarse sobre uno mismo y encerrarse en los propios problemas. Sólo vive intensamente el que sabe interesarse por la vida de los demás. Quien se parapeta detrás de su egoísmo y permanece indiferente ante todo lo que no sean sus cosas, corre el riesgo de matar la vida. El amor renueva a las personas, el egoísmo las seca. Quien sabe acercarse a los demás para escuchar lo que viven y compartir con ellos su propia experiencia, recupera de nuevo la vida.

    Es también importante “vivir hasta el fondo”, no quedarnos en la corteza, reafirmar nuestras convicciones más profundas. Hay momentos en que, para sentirnos de nuevo vivos, es necesario despertar nuestra fe en Dios, descubrir de nuevo nuestra alma, recuperar la oración.

    El evangelista Marcos, al relatarnos la sanación de Bartimeo, lo describe con tres rasgos que caracterizan bien al “hombre acabado”. Bartimeo es un hombre “ciego” al que le falta luz y orientación. Está “sentado”, incapaz ya de dar más pasos. Se encuentra “al borde del camino”, descaminado, sin una trayectoria en la vida.

    El relato nos dirá que dentro de este hombre hay todavía una fe que le hace reaccionar. Bartimeo percibe que Cristo no está lejos y entonces pide a gritos su ayuda. Escucha su llamada, se pone en sus manos y le invoca confiado “Señor, que vea”.

    A nadie se le puede convencer desde fuera para que crea. Para descubrir la verdad de la religión, cada uno tiene que experimentar que Cristo hace bien y que la fe ayuda a vivir de una manera más gozosa, más intensa y más joven. Dichosos los que creen, no porque un día fueron bautizados, sino porque han descubierto por experiencia que la fe hace vivir.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola. [/align]

    CURARNOS DE LA CEGUERA

    ¿[align=justify]Qué podemos hacer cuando la fe se va apagando en nuestro corazón? ¿Es posible reaccionar? ¿Podemos salir de la indiferencia? Marcos narra la curación del ciego Bartimeo para animar a sus lectores a vivir un proceso que pueda cambiar sus vidas.

    No es difícil reconocernos en la figura de Bartimeo. Vivimos a veces como «ciegos», sin ojos para mirar la vida como la miraba Jesús. «Sentados», instalados en una religión convencional, sin fuerza para seguir sus pasos. Descaminados, «al borde del camino» que lleva Jesús, sin tenerle como guía de nuestras comunidades cristianas.

    ¿Qué podemos hacer? A pesar de su ceguera, Bartimeo «se entera» de que, por su vida, está pasando Jesús. No puede dejar escapar la ocasión y comienza a gritar una y otra vez: «ten compasión de mí». Esto es siempre lo primero: abrirse a cualquier llamada o experiencia que nos invita a curar nuestra vida.

    El ciego no sabe recitar oraciones hechas por otros. Sólo sabe gritar y pedir compasión porque se siente mal. Este grito humilde y sincero, repetido desde el fondo del corazón, puede ser para nosotros el comienzo de una vida nueva. Jesús no pasará de largo.

    El ciego sigue en el suelo, lejos de Jesús, pero escucha atentamente lo que le dicen sus enviados: «¡Ánimo! Levántate. Te está llamando». Primero, se deja animar abriendo un pequeño resquicio a la esperanza. Luego, escucha la llamada a levantarse y reaccionar. Por último, ya no se siente solo: Jesús lo está llamando. Esto lo cambia todo.

    Bartimeo da tres pasos que van a cambiar su vida. «Arroja el manto» porque le estorba para encontrarse con Jesús. Luego, aunque todavía se mueve entre tinieblas, «da un salto» decidido. De esta manera «se acerca» a Jesús. Es lo que necesitamos muchos de nosotros: liberarnos de ataduras que ahogan nuestra fe; tomar, por fin, una decisión sin dejarla para más tarde; y ponernos ante Jesús con confianza sencilla y nueva.

    Cuando Jesús le pregunta qué quiere de él, el ciego no duda. Sabe muy bien lo que necesita: «Maestro, que pueda ver». Es lo más importante. Cuando uno comienza a ver las cosas de manera nueva, su vida se transforma. Cuando una comunidad recibe luz de Jesús, se convierte.

    Nos molestan los gritos de los que viven mal. Nos puede irritar encontrarnos continuamente en las páginas del evangelio con la llamada persistente de Jesús. Pero no nos está permitido «tachar» su mensaje. No hay cristianismo de Jesús sin escuchar a los que sufren. Están en nuestro camino. Los podemos encontrar en cualquier momento. Muy cerca de nosotros o más lejos. Piden ayuda y compasión. ¿Les contestamos con las palabras de Jesús: “Qué quieres que haga por ti”?[/align]

    [align=right]José Antonio Pagola.[/align]

    También el de Kamiano.

    SACAME DE LA OSCURIDAD

    [align=justify]Jesús recobró a Bartimeo para el camino del Reino. La meta del ciego no era caer por tantos precipicios escarpados que, con frecuencia, víctima de la oscuridad podía tener casi asegurados. Bartimeo está reservado para alcanzar el amor del Padre, gracias a la ayuda del Hijo y a la guía del Espíritu Santo. Jesús volverá a enseñar a Bartimeo el camino. En la mejor compañía retoma la ruta de la existencia con más alegría y con la claridad del Corazón de Jesús, que transparenta ternura y misericordia. Ojalá tengamos la humildad de presentarle nuestras cegueras a Jesús, para que Él las sane y nos haga, de verdad, seguidores, bienaventurados de su Luz.[/align]

    [align=right]Texto: Fernando Cordero, ss.cc.[/align]
    [align=right]Dibujo: Patxi Velasco FANO.- [/align]

    Fraternalmente.-

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