Inicio › Foros › Formación cofrade › Evangelio Dominical y Festividades › Evangelio del domingo 26/04/2015 4º de Pascua.
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20 abril, 2015 a las 19:40 #9204
Anónimo
InactivoEl buen pastor da la vida por las ovejasLectura del santo evangelio según San JuanEn aquel tiempo, dijo Jesús:
– «Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.
Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.
Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.
Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre.»
Palabra del Señor.23 abril, 2015 a las 21:52 #12807Anónimo
Inactivo[align=justify]Os dejo los comentarios al Evangelio del domingo.Creer en el Dios de la vidaEn estos tiempos de profunda crisis religiosa no basta creer en cualquier Dios; necesitamos discernir cuál es el verdadero. No es suficiente afirmar que Jesús es Dios; es decisivo saber qué Dios se encarna y se revela en Jesús. Me parece muy importante reivindicar hoy, dentro de la Iglesia y en la sociedad contemporánea, el auténtico Dios de Jesús, sin confundirlo con cualquier «dios» elaborado por nosotros desde miedos, ambiciones y fantasmas que tienen poco que ver con la experiencia de Dios que vivió y comunicó Jesús. ¿No ha llegado la hora de promover esa tarea apasionante de «aprender», a partir de Jesús, quién es Dios, cómo es, cómo nos siente, cómo nos busca, qué quiere para los humanos?
Qué alegría se despertaría en muchos si pudieran intuir en Jesús los rasgos del verdadero Dios. Cómo se encendería su fe si captaran con ojos nuevos el rostro de Dios encarnado en Jesús. Si Dios existe, se parece a Jesús. Su manera de ser, sus palabras, sus gestos y reacciones son detalles de la revelación de Dios. En más de una ocasión, al estudiar cómo era Jesús, me he sorprendido a mí mismo con este pensamiento: así se preocupa Dios de las personas, así mira a los que sufren, así busca a los perdidos, así bendice a los pequeños, así acoge, así comprende, así perdona, así ama.
Me resulta difícil imaginar otro camino más seguro para acercarnos a ese misterio que llamamos Dios. Se me ha grabado muy dentro cómo le vive Jesús. Se ve enseguida que, para él, Dios no es un concepto, sino una presencia amistosa y cercana que hace vivir y amar la vida de manera diferente. Jesús le vive como el mejor amigo del ser humano: el «Amigo de la vida». No es alguien extraño que, desde lejos, controla el mundo y presiona nuestras pobres vidas; es el Amigo que, desde dentro, comparte nuestra existencia y se convierte en la luz más clara y la fuerza más segura para enfrentarnos a la dureza de la vida y al misterio de la muerte.
Lo que más le interesa a Dios no es la religión, sino un mundo más humano y amable. Lo que busca es una vida más digna, sana y dichosa para todos, empezando por los últimos. Lo dijo Jesús de muchas maneras: una religión que va contra la vida, o es falsa, o ha sido entendida de manera errónea. Lo que hace feliz a Dios es vernos felices, desde ahora y para siempre. Esta es la Buena Noticia que se nos revela en Jesucristo: Dios se nos da a sí mismo como lo que es: Amor.
DESDE ABAJOLa imagen del pastor está cargada de simbolismo religioso en la tradición bíblica. El pastor simboliza al jefe que gobierna y que dirige al pueblo. Su principal tarea es vigilar, guiar y proteger al rebaño. Dios es «el pastor de Israel» porque conduce al pueblo, vela por él y lo protege. Ese es también hoy su principal significado cuando se habla en la Iglesia de los pastores que «guían al pueblo».
Sin embargo, cuando los primeros cristianos hablan de Jesús como «buen pastor», no lo hacen sobre todo para presentarlo como jefe y caudillo de un pueblo, sino para destacar su preocupación por la vida de las personas. Jesús es «buen pastor», no porque sabe gobernar, conducir y vigilar mejor que nadie, sino porque es capaz de «dar su vida» por los demás.
Esta teología del Buen Pastor recoge bien la actuación de Jesús. Su primera preocupación no fue salvaguardar la doctrina, vigilar la moral o controlar la liturgia, sino desvivirse por la gente, luchar contra el sufrimiento bajo todas sus formas y trabajar por una vida más digna y dichosa para todos, llegando «hasta dar su vida» en este empeño. La Iglesia tiene la responsabilidad de invitar y orientar a los creyentes hacia la verdad de Cristo, pero Cristo se dedicaba precisamente a quitar sufrimientos y dar vida. Sólo desde ahí revelaba y anunciaba al verdadero Dios.
En estos tiempos en que tanta gente «abandona el rebaño» y se aleja de la fe, la mejor manera de guiar hacia la «verdad de Cristo» sería ver a una Iglesia dedicada en cuerpo y alma a que la gente sea más dichosa, se sientan menos desamparada y más protegida contra el mal y el sufrimiento.
Los mismos cristianos que confesaron a Jesús como «pastor», le presentaron también como «cordero» sacrificado por los demás. Es un buen recordatorio para los pastores de la comunidad cristiana. El trabajo pastoral no se hace imponiéndose «desde arriba», sino sirviendo desde abajo. No se conduce hacia Cristo desde el poder y el dominio, sino desde la compasión y la lucha contra el sufrimiento y desamparo.
ACERCARNOS Y CONOCERNOSCuando entre los primeros cristianos comenzaron los conflictos y disensiones entre grupos y líderes diferentes, alguien sintió la necesidad de recordar que, en la comunidad de Jesús, sólo él es el Pastor bueno. No un pastor más, sino el auténtico, el verdadero, el modelo a seguir por todos.
Esta bella imagen de Jesús, Pastor bueno, es una llamada a la conversión, dirigida a quienes pueden reivindicar el título de «pastores» en la comunidad cristiana. El pastor que se parece a Jesús, sólo piensa en sus ovejas, no «huye» ante los problemas, no las «abandona». Al contrario, está junto a ellas, las defiende, se desvive por ellas, «expone su vida» buscando su bien.
Al mismo tiempo, esta imagen es una llamada a la comunión fraterna entre todos. El Buen Pastor «conoce» a sus ovejas y las ovejas le «conocen» a él. Sólo desde esta cercanía estrecha, desde este conocimiento mutuo y esta comunión de corazón, el Buen Pastor comparte su vida con las ovejas. Hacia esta comunión y mutuo conocimiento hemos de caminar también hoy en la Iglesia.
En estos momentos no fáciles para la fe, necesitamos como nunca aunar fuerzas, buscar juntos criterios evangélicos y líneas maestras de actuación para saber en qué dirección hemos de caminar de manera creativa hacia el futuro.
Sin embargo, no es esto lo que está sucediendo. Se hacen algunas llamadas convencionales a vivir en comunión, pero no estamos dando pasos para crear un clima de escucha mutua y diálogo. Al contrario, crecen las descalificaciones y disensiones entre obispos y teólogos; entre teólogos de diferentes tendencias; entre movimientos y comunidades de diverso signo; entre grupos y «blogs» de todo género…
Pero, tal vez, lo más triste es ver cómo sigue creciendo el distanciamiento entre la jerarquía y el pueblo cristiano. Se diría que viven dos mundos diferentes. En muchos lugares los «pastores» y las «ovejas» apenas se conocen. A muchos obispos no les resulta fácil sintonizar con las necesidades reales de los creyentes, para ofrecerles la orientación y el aliento que necesitan. A muchos fieles les resulta difícil sentir afecto e interés hacia unos pastores a los que ven alejados de sus problemas.
El Papa Francisco, entre otras cosas, hace un perfil del buen sacerdote: Llora con los que lloran. Se preocupa de las ausencias que, por esto o por aquello, hace tiempo se echan en falta. A veces, por malos entendidos, perdemos ovejas que han de estar dentro de nuestro rebaño.
Sólo creyentes, llenos del Espíritu del Buen Pastor, pueden ayudarnos a crear el clima de acercamiento, mutua escucha, respeto recíproco y diálogo humilde que tanto necesitamos.
¿A quién tenemos que querer de manera más desinteresada y más generosa?
TAmbién el de Kamiano.
DESENREDANOS DE LA PASIVIDAD COMPLICE.El Buen Pastor da la vida por sus ovejas. El Buen Pastor es Cristo Resucitado. El Buen Pastor es el que nos “desenreda” de perder el centro, el sentido, el rumbo de nuestra existencia.
Al Buen Pastor le duelen sus ovejas, porque ha dado la vida por ellas. En estos días de Pascua, noticias como la de la muerte de setecientos inmigrantes, setecientas personas, setecientos hermanos nos llevan a “desenredarnos” de nuestros esquemas y actuar.
No podemos quedarnos igual ante esta cultura del “descarte”, de números vacíos cuando no sentimos que los que mueren son hermanos nuestros.
El Buen Pastor llora por la muerte de este precioso rebaño. Y nos invita a no compartir la indiferencia cómplice.
¡Desenrédanos, Señor Jesús, Buen Pastor, del egoísmo y la pasividad, de no implicarnos en una fraternidad universal, según tu Corazón!
Fraternalmente.-
[/align] 23 abril, 2015 a las 21:52 #18860Anónimo
Inactivo[align=justify]Os dejo los comentarios al Evangelio del domingo.Creer en el Dios de la vidaEn estos tiempos de profunda crisis religiosa no basta creer en cualquier Dios; necesitamos discernir cuál es el verdadero. No es suficiente afirmar que Jesús es Dios; es decisivo saber qué Dios se encarna y se revela en Jesús. Me parece muy importante reivindicar hoy, dentro de la Iglesia y en la sociedad contemporánea, el auténtico Dios de Jesús, sin confundirlo con cualquier «dios» elaborado por nosotros desde miedos, ambiciones y fantasmas que tienen poco que ver con la experiencia de Dios que vivió y comunicó Jesús. ¿No ha llegado la hora de promover esa tarea apasionante de «aprender», a partir de Jesús, quién es Dios, cómo es, cómo nos siente, cómo nos busca, qué quiere para los humanos?
Qué alegría se despertaría en muchos si pudieran intuir en Jesús los rasgos del verdadero Dios. Cómo se encendería su fe si captaran con ojos nuevos el rostro de Dios encarnado en Jesús. Si Dios existe, se parece a Jesús. Su manera de ser, sus palabras, sus gestos y reacciones son detalles de la revelación de Dios. En más de una ocasión, al estudiar cómo era Jesús, me he sorprendido a mí mismo con este pensamiento: así se preocupa Dios de las personas, así mira a los que sufren, así busca a los perdidos, así bendice a los pequeños, así acoge, así comprende, así perdona, así ama.
Me resulta difícil imaginar otro camino más seguro para acercarnos a ese misterio que llamamos Dios. Se me ha grabado muy dentro cómo le vive Jesús. Se ve enseguida que, para él, Dios no es un concepto, sino una presencia amistosa y cercana que hace vivir y amar la vida de manera diferente. Jesús le vive como el mejor amigo del ser humano: el «Amigo de la vida». No es alguien extraño que, desde lejos, controla el mundo y presiona nuestras pobres vidas; es el Amigo que, desde dentro, comparte nuestra existencia y se convierte en la luz más clara y la fuerza más segura para enfrentarnos a la dureza de la vida y al misterio de la muerte.
Lo que más le interesa a Dios no es la religión, sino un mundo más humano y amable. Lo que busca es una vida más digna, sana y dichosa para todos, empezando por los últimos. Lo dijo Jesús de muchas maneras: una religión que va contra la vida, o es falsa, o ha sido entendida de manera errónea. Lo que hace feliz a Dios es vernos felices, desde ahora y para siempre. Esta es la Buena Noticia que se nos revela en Jesucristo: Dios se nos da a sí mismo como lo que es: Amor.
DESDE ABAJOLa imagen del pastor está cargada de simbolismo religioso en la tradición bíblica. El pastor simboliza al jefe que gobierna y que dirige al pueblo. Su principal tarea es vigilar, guiar y proteger al rebaño. Dios es «el pastor de Israel» porque conduce al pueblo, vela por él y lo protege. Ese es también hoy su principal significado cuando se habla en la Iglesia de los pastores que «guían al pueblo».
Sin embargo, cuando los primeros cristianos hablan de Jesús como «buen pastor», no lo hacen sobre todo para presentarlo como jefe y caudillo de un pueblo, sino para destacar su preocupación por la vida de las personas. Jesús es «buen pastor», no porque sabe gobernar, conducir y vigilar mejor que nadie, sino porque es capaz de «dar su vida» por los demás.
Esta teología del Buen Pastor recoge bien la actuación de Jesús. Su primera preocupación no fue salvaguardar la doctrina, vigilar la moral o controlar la liturgia, sino desvivirse por la gente, luchar contra el sufrimiento bajo todas sus formas y trabajar por una vida más digna y dichosa para todos, llegando «hasta dar su vida» en este empeño. La Iglesia tiene la responsabilidad de invitar y orientar a los creyentes hacia la verdad de Cristo, pero Cristo se dedicaba precisamente a quitar sufrimientos y dar vida. Sólo desde ahí revelaba y anunciaba al verdadero Dios.
En estos tiempos en que tanta gente «abandona el rebaño» y se aleja de la fe, la mejor manera de guiar hacia la «verdad de Cristo» sería ver a una Iglesia dedicada en cuerpo y alma a que la gente sea más dichosa, se sientan menos desamparada y más protegida contra el mal y el sufrimiento.
Los mismos cristianos que confesaron a Jesús como «pastor», le presentaron también como «cordero» sacrificado por los demás. Es un buen recordatorio para los pastores de la comunidad cristiana. El trabajo pastoral no se hace imponiéndose «desde arriba», sino sirviendo desde abajo. No se conduce hacia Cristo desde el poder y el dominio, sino desde la compasión y la lucha contra el sufrimiento y desamparo.
ACERCARNOS Y CONOCERNOSCuando entre los primeros cristianos comenzaron los conflictos y disensiones entre grupos y líderes diferentes, alguien sintió la necesidad de recordar que, en la comunidad de Jesús, sólo él es el Pastor bueno. No un pastor más, sino el auténtico, el verdadero, el modelo a seguir por todos.
Esta bella imagen de Jesús, Pastor bueno, es una llamada a la conversión, dirigida a quienes pueden reivindicar el título de «pastores» en la comunidad cristiana. El pastor que se parece a Jesús, sólo piensa en sus ovejas, no «huye» ante los problemas, no las «abandona». Al contrario, está junto a ellas, las defiende, se desvive por ellas, «expone su vida» buscando su bien.
Al mismo tiempo, esta imagen es una llamada a la comunión fraterna entre todos. El Buen Pastor «conoce» a sus ovejas y las ovejas le «conocen» a él. Sólo desde esta cercanía estrecha, desde este conocimiento mutuo y esta comunión de corazón, el Buen Pastor comparte su vida con las ovejas. Hacia esta comunión y mutuo conocimiento hemos de caminar también hoy en la Iglesia.
En estos momentos no fáciles para la fe, necesitamos como nunca aunar fuerzas, buscar juntos criterios evangélicos y líneas maestras de actuación para saber en qué dirección hemos de caminar de manera creativa hacia el futuro.
Sin embargo, no es esto lo que está sucediendo. Se hacen algunas llamadas convencionales a vivir en comunión, pero no estamos dando pasos para crear un clima de escucha mutua y diálogo. Al contrario, crecen las descalificaciones y disensiones entre obispos y teólogos; entre teólogos de diferentes tendencias; entre movimientos y comunidades de diverso signo; entre grupos y «blogs» de todo género…
Pero, tal vez, lo más triste es ver cómo sigue creciendo el distanciamiento entre la jerarquía y el pueblo cristiano. Se diría que viven dos mundos diferentes. En muchos lugares los «pastores» y las «ovejas» apenas se conocen. A muchos obispos no les resulta fácil sintonizar con las necesidades reales de los creyentes, para ofrecerles la orientación y el aliento que necesitan. A muchos fieles les resulta difícil sentir afecto e interés hacia unos pastores a los que ven alejados de sus problemas.
El Papa Francisco, entre otras cosas, hace un perfil del buen sacerdote: Llora con los que lloran. Se preocupa de las ausencias que, por esto o por aquello, hace tiempo se echan en falta. A veces, por malos entendidos, perdemos ovejas que han de estar dentro de nuestro rebaño.
Sólo creyentes, llenos del Espíritu del Buen Pastor, pueden ayudarnos a crear el clima de acercamiento, mutua escucha, respeto recíproco y diálogo humilde que tanto necesitamos.
¿A quién tenemos que querer de manera más desinteresada y más generosa?
TAmbién el de Kamiano.
DESENREDANOS DE LA PASIVIDAD COMPLICE.El Buen Pastor da la vida por sus ovejas. El Buen Pastor es Cristo Resucitado. El Buen Pastor es el que nos “desenreda” de perder el centro, el sentido, el rumbo de nuestra existencia.
Al Buen Pastor le duelen sus ovejas, porque ha dado la vida por ellas. En estos días de Pascua, noticias como la de la muerte de setecientos inmigrantes, setecientas personas, setecientos hermanos nos llevan a “desenredarnos” de nuestros esquemas y actuar.
No podemos quedarnos igual ante esta cultura del “descarte”, de números vacíos cuando no sentimos que los que mueren son hermanos nuestros.
El Buen Pastor llora por la muerte de este precioso rebaño. Y nos invita a no compartir la indiferencia cómplice.
¡Desenrédanos, Señor Jesús, Buen Pastor, del egoísmo y la pasividad, de no implicarnos en una fraternidad universal, según tu Corazón!
Fraternalmente.-
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