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3 enero, 2014 a las 10:38 #8609
Anónimo
Inactivo“Venimos de Oriente a adorar al Rey”Lectura del santo evangelio según San Mateo.Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.»
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.
Ellos le contestaron: «En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: «Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel.»»
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.»
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.
Palabra del Señor.3 enero, 2014 a las 23:08 #12721Anónimo
InactivoO [align=justify]s dejo los comentarios al Evangelio.¿A QUIÉN ADORAMOS?Los magos vienen del «Oriente», un lugar que evoca en los judíos la patria de la astrología y de otras ciencias extrañas. Son paganos. No conocen las Escrituras Sagradas de Israel, pero sí el lenguaje de las estrellas. Buscan la verdad y se ponen en marcha para descubrirla. Se dejan guiar por el misterio, sienten necesidad de «adorar».
Su presencia provoca un sobresalto en todo Jerusalén. Los magos han visto brillar una estrella nueva que les hace pensar que ya ha nacido «el rey de los judíos» y vienen a «adorarlo». Este rey no es Augusto. Tampoco Herodes. ¿Dónde está? Ésta es su pregunta Herodes se «sobresalta». La noticia no le produce alegría alguna. Él es quien ha sido designado por Roma «rey de los judíos». Hay que acabar con el recién nacido: ¿dónde está ese rival extraño? Los «sumos sacerdotes y letrados» conocen las Escrituras y saben que ha de nacer en Belén, pero no se interesan por el niño ni se ponen en marcha para adorarlo.
Esto es lo que encontrará Jesús a lo largo de su vida: hostilidad y rechazo en los representantes del poder político; indiferencia y resistencia en los dirigentes religiosos. Sólo quienes buscan el reino de Dios y su justicia lo acogerán.
Los magos prosiguen su larga búsqueda. A veces, la estrella que los guía desaparece dejándolos en la incertidumbre. Otras veces, brilla de nuevo llenándolos de «inmensa alegría». Por fin se encuentran con el Niño, y «cayendo de rodillas, lo adoran». Después, ponen a su servicio las riquezas que tienen y los tesoros más valiosos que poseen. Este Niño puede contar con ellos pues lo reconocen como su Rey y Señor.
En su aparente ingenuidad, este relato nos plantea preguntas decisivas: ¿ante quién nos arrodillamos nosotros?, ¿cómo se llama el «dios» que adoramos en el fondo de nuestro ser? Nos decimos cristianos, pero ¿vivimos adorando al Niño de Belén?, ¿ponemos a sus pies nuestras riquezas y nuestro bienestar?, ¿estamos dispuestos a escuchar su llamada a entrar en el reino de Dios y su justicia? En nuestras vidas siempre hay alguna estrella que nos guía hacia Belén.
ACOGER A LOS NIÑOSVieron al niño con María, su madre
No es fácil adoptar una postura acertada con los niños. Lo saben muy bien los padres y educadores. A veces, los idealizamos ingenuamente. Otras, descargamos sobre ellos nuestra irritación. En ocasiones, los utilizamos. Casi siempre los sometemos a nuestra voluntad. La actitud sorprendente de Jesús ante los pequeños y su invitación a acoger a los niños nos han de hacer pensar.
El niño es siempre un ser débil y vulnerable. Basta mirarlo con un poco de ternura. Su vida es frágil. Si no es acogido y protegido con amor, está llamado a sufrir lo indecible. Sin amor, nadie crece de manera sana y feliz.
El niño es sólo una «promesa de vida». Sólo lo pueden acoger y cuidar bien quienes lo miran con esperanza. Para ser un buen padre, una buena madre o un buen educador hay que olvidarse de cálculos. Hay que amar al niño sin ver resultados inmediatos. No todo se puede planificar. Lo importante es creer, confiar y acompañar con paciencia.
Rara vez el niño agradece lo que está recibiendo. Sólo se le puede querer con amor gratuito, a fondo perdido. El padre, la madre o el educador que pretenda exigir una respuesta adecuada a lo que está haciendo por él, se sentirá frustrado. Aquí no funciona la reciprocidad. Sólo son buenos padres y buenos educadores quienes disfrutan buscando el bien del niño y no su respuesta agradecida.
Al niño hay que tratar con alegría que es el signo que acompaña siempre a cualquier tarea creadora. Hacer feliz a un niño es ayudarle a ser bueno. Enseñarle a disfrutar y enseñarle a vivir. Esos niños de rostro triste y mirada apagada nos están acusando a todos. No les estamos transmitiendo la alegría de vivir.
Hay algo más. También los niños nacidos en esta sociedad tienen derecho a que alguien los inicie en la reflexión personal, en una cierta vida interior y en la apertura a Dios. Pocas cosas me apenan más que esos jóvenes a veces tan vacíos de interioridad y tan desvalidos para descubrir un sentido un poco hondo e inteligente a sus vidas. No hay mejor «regalo de Reyes» para un niño que encontrarse en la vida con un buen padre, una buena madre o un buen educador.
También el de
Kamiano.Aunque nos despistemos en tiempos de regalos, no podemos olvidar Quién es el Regalo. Dar gracias a Dios por la vida que se nos da como regalo, por la fe, por la familia, por todo lo que tenemos, por las oportunidades de vivir en esperanza.reyes magos fano
Niño Jesús de Belén, Tú eres nuestro regalo. Envuelto en el papel de la Palabra, tú eres la Palabra. Rodeado de los que vinieron de Oriente, tú eres la Estrella. Dibujando en tu rostro una sonrisa, tú eres la alegría.
Oro, incienso y mirra. En adoración, caigamos ante ti como los Magos y, en silencio, contemplemos con gratitud el regalo que el Padre nos da. ¡Gracias!
Fraternalmente.-
[/align] 3 enero, 2014 a las 23:08 #18774Anónimo
InactivoO [align=justify]s dejo los comentarios al Evangelio.¿A QUIÉN ADORAMOS?Los magos vienen del «Oriente», un lugar que evoca en los judíos la patria de la astrología y de otras ciencias extrañas. Son paganos. No conocen las Escrituras Sagradas de Israel, pero sí el lenguaje de las estrellas. Buscan la verdad y se ponen en marcha para descubrirla. Se dejan guiar por el misterio, sienten necesidad de «adorar».
Su presencia provoca un sobresalto en todo Jerusalén. Los magos han visto brillar una estrella nueva que les hace pensar que ya ha nacido «el rey de los judíos» y vienen a «adorarlo». Este rey no es Augusto. Tampoco Herodes. ¿Dónde está? Ésta es su pregunta Herodes se «sobresalta». La noticia no le produce alegría alguna. Él es quien ha sido designado por Roma «rey de los judíos». Hay que acabar con el recién nacido: ¿dónde está ese rival extraño? Los «sumos sacerdotes y letrados» conocen las Escrituras y saben que ha de nacer en Belén, pero no se interesan por el niño ni se ponen en marcha para adorarlo.
Esto es lo que encontrará Jesús a lo largo de su vida: hostilidad y rechazo en los representantes del poder político; indiferencia y resistencia en los dirigentes religiosos. Sólo quienes buscan el reino de Dios y su justicia lo acogerán.
Los magos prosiguen su larga búsqueda. A veces, la estrella que los guía desaparece dejándolos en la incertidumbre. Otras veces, brilla de nuevo llenándolos de «inmensa alegría». Por fin se encuentran con el Niño, y «cayendo de rodillas, lo adoran». Después, ponen a su servicio las riquezas que tienen y los tesoros más valiosos que poseen. Este Niño puede contar con ellos pues lo reconocen como su Rey y Señor.
En su aparente ingenuidad, este relato nos plantea preguntas decisivas: ¿ante quién nos arrodillamos nosotros?, ¿cómo se llama el «dios» que adoramos en el fondo de nuestro ser? Nos decimos cristianos, pero ¿vivimos adorando al Niño de Belén?, ¿ponemos a sus pies nuestras riquezas y nuestro bienestar?, ¿estamos dispuestos a escuchar su llamada a entrar en el reino de Dios y su justicia? En nuestras vidas siempre hay alguna estrella que nos guía hacia Belén.
ACOGER A LOS NIÑOSVieron al niño con María, su madre
No es fácil adoptar una postura acertada con los niños. Lo saben muy bien los padres y educadores. A veces, los idealizamos ingenuamente. Otras, descargamos sobre ellos nuestra irritación. En ocasiones, los utilizamos. Casi siempre los sometemos a nuestra voluntad. La actitud sorprendente de Jesús ante los pequeños y su invitación a acoger a los niños nos han de hacer pensar.
El niño es siempre un ser débil y vulnerable. Basta mirarlo con un poco de ternura. Su vida es frágil. Si no es acogido y protegido con amor, está llamado a sufrir lo indecible. Sin amor, nadie crece de manera sana y feliz.
El niño es sólo una «promesa de vida». Sólo lo pueden acoger y cuidar bien quienes lo miran con esperanza. Para ser un buen padre, una buena madre o un buen educador hay que olvidarse de cálculos. Hay que amar al niño sin ver resultados inmediatos. No todo se puede planificar. Lo importante es creer, confiar y acompañar con paciencia.
Rara vez el niño agradece lo que está recibiendo. Sólo se le puede querer con amor gratuito, a fondo perdido. El padre, la madre o el educador que pretenda exigir una respuesta adecuada a lo que está haciendo por él, se sentirá frustrado. Aquí no funciona la reciprocidad. Sólo son buenos padres y buenos educadores quienes disfrutan buscando el bien del niño y no su respuesta agradecida.
Al niño hay que tratar con alegría que es el signo que acompaña siempre a cualquier tarea creadora. Hacer feliz a un niño es ayudarle a ser bueno. Enseñarle a disfrutar y enseñarle a vivir. Esos niños de rostro triste y mirada apagada nos están acusando a todos. No les estamos transmitiendo la alegría de vivir.
Hay algo más. También los niños nacidos en esta sociedad tienen derecho a que alguien los inicie en la reflexión personal, en una cierta vida interior y en la apertura a Dios. Pocas cosas me apenan más que esos jóvenes a veces tan vacíos de interioridad y tan desvalidos para descubrir un sentido un poco hondo e inteligente a sus vidas. No hay mejor «regalo de Reyes» para un niño que encontrarse en la vida con un buen padre, una buena madre o un buen educador.
También el de
Kamiano.Aunque nos despistemos en tiempos de regalos, no podemos olvidar Quién es el Regalo. Dar gracias a Dios por la vida que se nos da como regalo, por la fe, por la familia, por todo lo que tenemos, por las oportunidades de vivir en esperanza.reyes magos fano
Niño Jesús de Belén, Tú eres nuestro regalo. Envuelto en el papel de la Palabra, tú eres la Palabra. Rodeado de los que vinieron de Oriente, tú eres la Estrella. Dibujando en tu rostro una sonrisa, tú eres la alegría.
Oro, incienso y mirra. En adoración, caigamos ante ti como los Magos y, en silencio, contemplemos con gratitud el regalo que el Padre nos da. ¡Gracias!
Fraternalmente.-
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